Chegusan Comida

Sal del Himalaya: no todo es color de rosa

Los paquetes y molinillos de sal rosa son muy tentadores para sumar a la alacena, sobre todo después de años de escuchar que es más saludable que la sal de mesa. Sin embargo, todo indicaría que eso es puro verso. Acá, los argumentos. 

La sal del Himalaya suele ser considerada más "gourmet" y saludable que la de común, pero la evidencia señala que no tiene nada muy especial.

La sal del Himalaya suele ser considerada más "gourmet" y saludable que la de común, pero la evidencia señala que no tiene nada muy especial.

Avatar del

Por: Redacción

Que puede ayudar a disminuir el acné, que promueve la salud dental, que tiene efecto anti-age, que colabora con la absorción de nutrientes en el intestino, que aumenta la circulación sanguínea, que mejora la respiración, que incrementa la fuerza de los huesos, que es buena para la libido, que combate el insomnio. Se ha llegado a decir que la sal del Himalaya es efectiva para tratar el asma y se fabricaron inhaladores especiales a base de cristales rosados. Desde hace muchísimos años, se sostiene que esta sal proveniente de Pakistán tiene beneficios para la salud inigualables en comparación a la que consumimos habitualmente. Pero ¿cuánto hay de verdad en esto?

Parece que nada. En una nota publicada por Gideon Meyerowitz-Katz, el epidemiólogo y periodista más conocido como Gid M-K o "Health Nerd" en sus redes sociales y en la plataforma Medium, todas las afirmaciones sobre las cualidades casi mágicas de la sal rosa se ven refutadas una vez más (otros ya lo hicieron antes) por una razón simple: no hay ninguna evidencia de que el producto sea especialmente saludable ni mucho menos de que tenga propiedades curativas. 

Por ejemplo, es común escuchar que la sal del Himalaya es "más natural" que otras porque se extrae a mano de las montañas. En realidad, la sal viene de una gran mina en Khewra, en la provincia pakistaní de Punjab, que no está exactamente en el Himalaya, sino en sus estribaciones (montañas más bajas que derivan de la cordillera original). Algunos podrían decir que hasta el nombre es falso, pero en fin; lo que importa es que esa "extracción artesanal" de la sal rosa no la hacen personas que trabajan felices en la montaña, sino mineros explotados en un espacio subterráneo. Además, en el proceso se utilizan máquinas, solo que no tanto como en otras minas más modernas. 

Por otro lado, suele decirse que es la sal "más pura" disponible, cuando el color rosa ya indica todo lo contrario: el cloruro de sodio puro es blanco, blanquísimo. El tono rosado manifiesta las impurezas.

También se dice que tiene 84 minerales valiosos para el cuerpo humano, cuando muchos de esos elementos no son necesariamente buenos para nuestro organismo (por ejemplo, el arsénico). Esto tampoco quiere decir que la sal rosa sea perjudicial: por la cantidad de sal que podemos ingerir, en general las proporciones de esos minerales son bastante insignificantes para nuestra salud. Esto aplica para bien y para mal. Yendo al caso del zinc, que puede ser considerado un mineral esencial para nuestro funcionamiento: cada gramo de sal del Himalaya contiene 0,0025 miligramos de zinc, cuando la ingesta diaria recomendada para un adulto ronda los 10 miligramos. Esto significa que para obtener esa cantidad, tendríamos que ingerir 5 kilos de sal rosa por día.

Así las cosas, ni vale la pena hacer referencia a los "poderes mágicos" que algunos gurús le adjudican a este condimento singular. No hay ningún estudio respaldado por la comunidad científica internacional que demuestre que la sal del Himalaya ayude a sanar enfermedades, ni tampoco que pueda mejorar la calidad de vida de sus consumidores. 

Aún así, sigue siendo un producto atractivo para variar la sazón de los platos cotidianos (su sabor es un poco más intenso que el de la sal de mesa tradicional y, como en general suele molerse en el momento, es también un poco más crocante). Está bien elegirla para hacer un regalo, para darle color a la alacena y a la comida o para potenciar el gusto de un ingrediente en particular. La clave es no forzar su incorporación en la dieta por sus presuntos beneficios: lo único que va a provocar es sed. 

En esta nota:

Comentarios