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Desde Filo.news dialogamos con las directoras para conocer cómo fue el proceso detrás del documental y qué reflexiones nos deja sobre las infancias y adolescencias trans.

Tristán tiene 14 años. La cámara lo acompaña durante toda su adolescencia, hasta llegar a sus 22. Durante ese tiempo, lo vemos atravesar su transición de género, descubrir su vocación por el dibujo y dar sus primeros pasos hacia la adultez. Pero no recorre ese camino en soledad: lo acompañan su mamá, sus amigos y su escuela.
¿Qué pasa si esos derechos se ven amenazados? ¿cómo imaginar el futuro?
“Tristán y los días por venir” es el nuevo documental de Martina Matzkin y Gabriela Uassouf, directoras de “Cuidadoras”. Se trata de un registro que llevó siete años: “El país en el que comenzamos a filmar esta película era bastante distinto al de hoy”, dijeron en un comunicado de prensa y sumaron: “Crecer fue aprender a defender sus derechos y también a seguir adelante, confiando en él y en su alrededor más allá de la violencia ejercida desde el Estado. Y así será en los días por venir”.
Desde Filo.news dialogamos con las directoras para conocer qué significó acompañar esta historia durante casi una década, qué reflexiones nos deja sobre las infancias y adolescencias trans y más.
Filo.news: Entre “Cuidadora” y “Tristán y los días por venir” hay una sensibilidad compartida. ¿Qué elementos de su primer documental reaparecen en este proyecto?
Martina Matzkin y Gabriela Uassouf: La pregunta por quién sostiene a quién, la comunidad como protagonista, y la ternura como forma de mirar. En “Cuidadoras” la pregunta era quién cuida y bajo qué condiciones; acá nos preguntamos qué le pasa a alguien cuando crece dentro de una red que lo contiene, y también qué pasa cuando esa red se resquebraja o se transforma. También reaparece una decisión de método: filmar de cerca, con el equipo más chico posible, sin imponer una estructura de antemano. Dejar que la película tome forma en el tiempo y en la cercanía.
Filo.news: La película parte de una pregunta muy potente: “¿es posible ser trans sin sufrir tanto?”. ¿Cómo creen que el cine suele retratar las historias de infancias trans?
Martina y Gabriela: Por mucho tiempo, el relato dominante sobre personas trans, y especialmente sobre infancias y adolescencias, giró casi únicamente alrededor de la transición y del sufrimiento que trae la exclusión. Como si esa identidad sólo pudiera existir en pantalla cuando hay conflicto, obstáculo, drama. Eso no es arbitrario: hay violencia real, hay dolor real, y nombrarlo importa. Pero hay una trampa en hacer de eso el único registro posible: todo lo demás desaparece. El deseo, el humor, la vocación, lo cotidiano. Tristán es mucho más que su transición, y nos parecía fundamental que la película lo mostrara en esa complejidad. No para esquivar lo difícil, sino para no reducirlo a eso.
Filo.news: La película muestra que el apoyo no es solo familiar, sino también institucional. ¿Qué aprendizajes creen que deja la experiencia de Tristán en ese sentido?

Martina y Gabriela: Que el acompañamiento nace en la casa pero no puede quedarse ahí. Tristán nos contó muchas veces lo que significó para él que en la escuela secundaria hubiera disposición para alojar su identidad, aun cuando el personal no tenía formación previa en diversidad. Cosas tan concretas como usar su nombre en todos los registros posibles hacen una diferencia que no es menor. Y también aprendimos, en los últimos años de rodaje, lo que ocurre cuando ese sostén institucional desaparece o se vuelve adverso: la carga recae entera sobre la persona y quienes la quieren, y esa red muestra lo esencial que es. Pero esa red no debería ser la única.
Filo.news: ¿Vieron la peli terminada con Tristán? ¿Cómo fue ese momento?

Martina y Gabriela: Sí. Verla con él significaba también que él se viera a sí mismo en momentos muy distintos de su vida, algunos muy privados. Fue extraño y emocionante al mismo tiempo, en el mejor sentido: la película dejó de pertenecernos solo a nosotras. Se volvió algo de otro orden, compartido. Tristán la recibió con una generosidad que nos conmovió. Verlo reconocerse en pantalla (no únicamente como alguien que transitó, sino como alguien que creció, que dudó, que tomó decisiones) fue para nosotras la confirmación de que habíamos sido honestas con lo que filmamos.
Filo.news: El arte aparece como un espacio de expresión y construcción de identidad para Tristán. ¿Cómo trabajaron esa dimensión en la película y qué representó la participación de la Mocha Celis?

Martina y Gabriela: Tristán llegó a este proyecto a través de la actuación, del casting de El nombre del hijo, que fue un cortometraje de ficción en el que lo seleccionamos como protagonista. Su sensibilidad era parte de quién era desde el principio; la película simplemente lo siguió en eso. Ya desde ese momento la Mocha Celis fue parte porque ayudó en la convocatoria para el casting. Después, a lo largo del proceso de este documental, hubo momentos de obstáculos institucionales en los trámites que Tristán abordaba en relación a su transición, y la Mocha estuvo ahí impulsando y acompañando, en conjunto con Groncho, una de las productoras de la película. Cosas que no son parte de las escenas de película porque no hace falta. Pero la Mocha fue sostén de la realidad de Tristán y eso es mucho más importante que la película.
Luego sí, hacia el final de la película, el discurso de Virginia Silveira, presidenta de la Asociación Civil Mocha Celis, que Tristán escucha, sintetiza ese debate entre generaciones de personas trans. Lo que costó llegar hasta acá. Esa escena pone en tensión el presente de Tristán con décadas de lucha que lo anteceden y que hicieron posible que él sea quien es. El arte, ahí, no es sólo expresión personal: es una práctica que te ubica en una genealogía, que te dice de dónde venís.
Filo.news: Este es un documental sobre crecer. ¿Cómo las transformó a ustedes ese proceso?

Martina y Gabriela: Nos transformó en el sentido más literal: durante esos siete años nosotras también cambiamos. La relación con Tristán y con su familia fue mutando, y con ella la película. Al principio éramos nosotras las que proponíamos qué filmar; con el tiempo y la confianza, Tristán también fue haciéndose parte del proyecto. Aprendimos a soltar el control, a movernos en otras temporalidades, a confiar en lo que aparece cuando uno sostiene una presencia sin forzarla. Nos quedó algo de Tristán: esa manera de pararse frente a la incertidumbre sin que te paralice.
Filo.news: ¿Qué representa para ustedes estrenarse en el Mes del Orgullo? ¿A quiénes les gustaría que llegue esta historia?

Martina y Gabriela: El peso simbólico de estrenar en junio es algo que no ignoramos, pero tampoco queremos que la película quede encerrada en una fecha o en un público que ya comparte estas preguntas. Nos interesa que llegue a quienes están cerca de alguien que está transicionando y todavía están aprendiendo cómo acompañar. Y también a quienes no tienen esa experiencia, porque hay algo muy humano en ver a alguien crecer: las dudas, la búsqueda, el trabajo de construirse. Eso no le pertenece a ningún público en particular. Tristán abre una puerta, y creemos que quien entre va a encontrar algo que le resuena, más allá de desde dónde llegue.
"Tristán y los días por venir" está disponible para disfrutar en cines. Podés ver más información en sus redes sociales.

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