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Blair cerró la era Bar Scorpios con un show agotado en Deseo

La artista repasó su segundo disco con una puesta conceptual, cambios de personaje y un cierre punk ante una sala llena en Buenos Aires.

Blair cerró la era Bar Scorpios con un show agotado en Deseo
Foto: @triplab

Los primeros gritos llegaron antes que ella. Sobre el escenario de Deseo, su banda ya ocupaba sus lugares mientras que detrás de ellos, un gran telón proyectaba dos manos en posición de rezo sosteniendo una vela. Entonces apareció Blair, el proyecto artístico de Julieta Ordorica: peluca rubia, vestido claro, detalles de encaje y una imagen angelical pero inquietante con la que comienza la historia de Bar Scorpios. Como en el álbum, todo parecía frágil antes de empezar a romperse.

Foto: @triplab


“Rabia del corazón” abrió la noche y dejó uno de los primeros guiños personales del show. Después de cantar “se me gastó el amor a los 22”, Blair aclaró entre risas “25, casi”. Faltaban apenas unas horas para la medianoche y para su cumpleaños, en una fecha que ya tenía clima de cierre y comienzo de una nueva etapa.
 

A “Rabia del corazón” le siguieron “Rothmans”, “Opuesto complementario” y “Yo & Yo”. Las tres últimas recuperaron canciones de Llorando en la fiesta, su primer álbum, pero encontraron un lugar natural dentro del relato. En ese comienzo todavía dominaba una Blair que representaba lo luminoso, aunque debajo de esa superficie empezaba a insinuarse algo lúgubre que terminaría por salir.


Y mientras el personaje avanzaba en su transformación, el público cantaba prácticamente cada palabra. Incluso cuando el micrófono de Blair tuvo problemas durante un momento del show, las voces continuaron por encima de la música. La cantante se tomó entonces un momento para hablar con sus fans. La despedida de Bar Scorpios tenía algo de cierre y también de transición, el final de una etapa compartida entre una artista y una audiencia que hizo propio ese universo.

Parte de esa conexión puede encontrarse en sus letras. Blair escribe sobre sentimientos profundos desde frases simples, sin esconderlos detrás de demasiadas capas. Y quizás allí esté una de las razones por las que las canciones regresaban desde el público casi con la misma fuerza con la que salían del escenario.


Con “Todo lo que tengo”, “Dejar de ser yo” y “Mi suerte”, Blair bajó por un momento la intensidad del show. En “Dejar de ser yo” se sentó al teclado para interpretar una de las canciones más melancólicas del repertorio, con una cadencia íntima que por momentos se acercaba a una plegaria. En “Mi suerte”, pidió que el público levantara las luces de los celulares, y la sala se llenó de pequeños puntos blancos sobre las cabezas.
 

Después llegó “Novios imaginarios”, otra visita a Llorando en la fiesta. Para esa canción, Blair tomó su característica guitarra con forma de corazón, antes de volver de lleno al universo de Bar Scorpios con “Intenté salvar a Dios”.

Foto: @triplab


El quiebre llegó con “Pecados Brutos”, la pieza en la que la artista sumó a la escritora Mariana Enríquez. La colaboración nació también de un punto de encuentro entre ambas por la fascinación por el terror y lo onírico, dos elementos que forman parte del concepto del disco.


La cantante abandonó el escenario y en el telón comenzó a proyectarse el diario que aparece en el videoclip mientras la voz en off de Enríquez recitaba el texto. Poco a poco, el público empezó a acompañarlo. Lo que originalmente formaba parte de una pieza audiovisual se convirtió en una oración colectiva dentro de Deseo.


Blair regresó con su característico pelo negro, flequillo recto, vestido rojo y tacos, dejando atrás la imagen angelical del comienzo. Si la primera parte había estado dominada por aquello que parecía puro y sagrado, ahora llegaba el descenso hacia lo oscuro.
 

Foto: @triplab

El nuevo capítulo comenzó con “Entre caníbales”, su versión de la canción de Soda Stereo que ya había llevado a una sesión para Spotify. La elección no interrumpió el relato sino que, por el contrario, su clima permitió entrar definitivamente en una segunda mitad donde el personaje dejaba ver aquello que hasta entonces había permanecido contenido. 
 

Llegó después “Carne Viva”, grabada originalmente junto a Dillom. Su presencia dentro del álbum profundiza justamente ese imaginario crudo y sombrío que atraviesa la obra. En Deseo, la canción acentuó el contraste con aquella figura luminosa que había aparecido al principio. 
 

“Padre muerto” y “Otra noche en los 70” mantuvieron uno de los juegos más inquietantes del universo de Blair donde melodías pop animadas y pegadizas conviven con letras mucho más oscuras. La segunda, además, significó otra regresión a Llorando en la fiesta, pero encajó naturalmente dentro de Bar Scorpios por esa misma tensión entre lo alegre y lo perturbador, una dualidad que aparece con frecuencia.


Cuando finalmente empezó a sonar “Bar Scorpios”, la canción que da nombre al disco, la historia entraba en su último acto. La protagonista parecía quedar atrapada por el peso de aquello que había intentado esconder: la culpa, el pecado y una redención que nunca termina de llegar.


El tramo final continuó con “Hombre Roto”, canción que en el álbum cuenta con la participación de Santiago Motorizado y suma uno de los registros más melancólicos del proyecto. Después llegó “Mañana hablarán de mí” antes de alcanzar uno de los momentos más intensos de la noche.


Aunque “Sola” aparece al comienzo de Bar Scorpios, en Deseo quedó reservada para uno de los últimos momentos del show. El cambio de orden reforzó su peso dentro del cierre de la historia donde Blair terminó tendida sobre el piso del escenario mientras el público repetía “Nací sola, crecí sola, me siento sola, moriré sola”.

Foto: @triplab


Más que la letra de una canción, la frase funcionó como un mantra colectivo, repetido por toda la sala mientras la protagonista sufría en soledad, una imagen que condensa buena parte del universo de su último álbum. Ya no quedaba mucho de aquella chica de pelo rubio que había iniciado la noche frente a unas manos en oración.


No hubo demasiado tiempo para permanecer en ese clima. “Nunca lo van a entender” llevó el final hacia el punk, con guitarras más crudas, una energía acelerada y los gritos característicos con los que Blair rompe la melodía durante la canción. Pero antes, la artista pidió el pogo más grande de la noche y el centro de Deseo se abrió inmediatamente para formar una gran olla.

Foto: @triplab


Después de casi todo un show construido alrededor de un lenguaje religioso, la última comunión tomó la forma de cuerpos saltando y chocando en el medio de la sala.
 

El próximo capítulo de Blair 
 

Con esta etapa terminada, Blair ya trabaja en la composición de su tercer álbum de estudio, el proyecto que marcará su próxima elección musical. Después de construir en Bar Scorpios un universo atravesado por el cine, la religión, el terror y una narrativa que excedió a las canciones, ahora la expectativa queda puesta en descubrir qué forma tomará su nuevo relato. 
 

Foto: @triplab

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