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Salud PESIMISMO EN CUARENTENA

¿El pesimismo se contagia más rápido que el coronavirus?

El endurecimiento de la cuarentena afecta la psiquis de los ciudadanos al punto tal de que los profesionales de la salud dudan de la eficacia de la misma y proponen crear un plan para reactivar la salud psicofísica de los argentinos.

¿El pesimismo se contagia más rápido que el coronavirus?

¿El pesimismo se contagia más rápido que el coronavirus?

Por: Katia Appelhans

Llevamos más de 100 días de cuarentena en Argentina debido a la pandemia por coronavirus y en el medio fueron pasando muchas cosas. Dejando un poco de lado el virus en sí, las personas comenzamos a vernos afectadas desde otros ángulos de nuestra vida. 

Al principio, la mayoría entendimos que el quedarnos en casa era para cuidarnos y cuidar al resto, y para que el sistema de salud de nuestro país pueda prepararse para el peor escenario posible como veníamos viendo que sucedía en los países de Europa; pero a medida que fue pasando el tiempo ya dejamos de entender tanto, porque aparecieron otros problemas que nos empezaron afectar, me arriesgo a decir que en algunos casos, mucho más fuerte que el virus.

No solo cambiamos radicalmente el ritmo de nuestro día a día sino que muchos hasta perdieron su empleo, y estas cuestiones inevitablemente nos afectan a nivel psicológico.

Esto quedó evidenciado en el décimo informe de una encuesta denominada “Crisis Coronavirus” que presentó la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires (UBA), a través del Observatorio de Psicología Social Aplicada (OPSA). El documento refiere a los 100 días de cuarentena en el país y detalla cómo el confinamiento nos afectó a los ciudadanos argentinos en materia de salud mental, económica y de consideración de gestión política.

Según el informe los indicadores negativos de salud mental siguen creciendo y queda bien en claro que todo el abanico de sentimientos y emociones negativas asociadas al malestar psicológico crecieron respecto de la medición al día 70 del confinamiento. También, a diferencia de esa medición, ahora han ganado lugar palabras tales como angustia, tristeza y depresión por sobre una palabra que se escucha desde el comienzo de la cuarentena, incertidumbre.

El índice «Pesimismo-Optimismo» se ha mantenido en el mismo nivel que en las tres últimas mediciones, aunque se observa en esta medición una leve tendencia a la baja (pesimismo), lo que da la pauta de que los argentinos seguimos con una mirada y expectativas más bien negativas en torno a la pandemia y sus efectos sobre nuestra vida futura.

En este sentido, Beatriz Goldberg, psicóloga y escritora, sostiene que en Argentina “se le ha dado (a la pandemia) mucha más importancia a nivel infectológico que a nivel psicológico y emocional, lo que comenzó a generar malestar y angustia”, y se fue descuidando al cien por ciento “la parte psicológica, que es fundamental”.

“Se apodera el pesimismo porque los medios muestran todo el tiempo las cifras de las camas que están ocupadas, de cuántas van a hacer falta, las curvas, qué viene, qué no viene, la inestabilidad, la cuestión de que no se controla mucho porque hay rebrotes, etc. La información que vemos siempre se concentra en lo negativo, lo cual influye sobre ese pesimismo, como así también la inactividad de mucha gente, tanto en el trabajo como en las actividades cotidianas, lo que hace tener una óptica negativa”, explica Goldberg.

Y asegura que esos malos pensamientos y la mala energía “se contagia porque uno a veces lo transmite a la familia, a sus amistadas, a su pareja, y eso se convierte en un círculo vicioso”. Termina formándose una espiral infinita de negatividad y pesimismo.

Por su parte, el médico clínico Marcelo Suárez (MN 73796) manifiesta su “preocupación” por la falta de un “protocolo Inteligente que nos permita recuperar nuestra salud psicofísica”. Por lo tanto, bosquejó un plan que incluye los siguientes puntos: incrementar los testeos de PCR (diagnóstico de infección) y de inmunoglobulinas G (para diagnóstico de curación e inmunidad), crear canales de habilitación laboral con debidos recaudos y apoyar el ensayo de transfusión de plasma para determinar su eficacia en indicación temprana”.

"El estrés, la ansiedad y la preocupación por la cuestión laboral genera un descuido personal profundo con la consecuente repercusión en la salud", indica Marcelo Suárez.

Según el profesional, un plan de estas características contribuiría a minimizar los daños colaterales de la pandemia ya que “la incertidumbre produce un enorme déficit emocional y nutricional”.

Además, el especialista en medicina interna expresa que "el estrés, la ansiedad y la preocupación por la cuestión laboral genera un descuido personal profundo con la consecuente repercusión en la salud. A esto se agrega otro problema que es la falta de consultas por otras patologías”. Y reconoce que “el hogar funcionó muy bien hasta ahora como refugio pero hoy corremos el riesgo de que nos enferme el cautiverio. Habiéndose robustecido el sistema de salud habría que haber buscado una forma de cuidar a los ciudadanos de otras enfermedades que rondan en el propio hogar como depresión, cáncer, patologías cardiovasculares, obesidad, hipertensión y diabetes. El aislamiento domiciliario llegó a una instancia en la cual se propicia el deterioro psíquico”.

Por último, considera que “debemos tener la humildad necesaria para dejar de lado las diferencias políticas y procurar aunar esfuerzos en pos de lograr el bienestar físico, psíquico y social de la comunidad”.

Pero… ¡Ojo! También se ha visto mucho durante estos meses, la otra cara de las emociones: el positivismo extremo, el cual tampoco es saludable porque “negar la realidad no es bueno”. “Hay que encontrar el límite entre ser realista y ser positivo. Yo creo que hay que ser realista positivo, es decir, encarar la vida con positividad y centrándonos en lo que tenemos no siempre en lo que nos falta. No hay que centrarse en la queja porque es energía negativa hay que cambiarlo por acción”, enfatiza Goldberg.

Exigirnos estar felices y activos todo el tiempo para tapar o negar lo que realmente sucede no significa salud, de hecho “pensar que no pasa nada no es bueno porque al negar la realidad uno también niega los cuidados”. En definitiva se debe tratar de encontrar un balance desde lo personal y confiar en que nuestras autoridades harán lo mejor para salir adelante lo antes posible.

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