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Avanza el juicio a los hermanastros acusados de doble parricidio

Leandro Acosta y Karen Klein eran pareja. Están acusados de los asesinatos de Ricardo Klein y Miryam Kowalczuk, en 2015 en Pilar. "Yo maté a mi padrastro, pero ella mató a mi mamá", confesó él.

Karen Klein y Leandro Acosta, acusados de doble parricidio.

Karen Klein y Leandro Acosta, acusados de doble parricidio.

El joven que está acusado de haber matado y calcinado a sus padres en una casa de la localidad bonaerense de Pilar en 2015 confesó por primera vez que asesinó a su padrastro, pero culpó del crimen de su madre a su hermana, por lo que la chica quedó detenida.

Leandro Yamil Acosta (29) declaró en el marco de la segunda jornada del juicio oral y público que se realiza por los homicidios de su padrastro, Ricardo Ignacio Klein (54), y de su madre, Miryam Esther Kowalczuk (52).

Al momento del doble crimen, los acusados llevaban tres años como pareja.

La casa donde ocurrió el doble crimen, en Pilar.

Ante los jueces del Tribunal Oral en lo Criminal 7 de San Isidro, Acosta pidió contar lo sucedido el 2 de septiembre de 2015 y lo primero que hizo fue aclarar: "Yo no estoy loco".

Dijo que había manifestado eso porque "una abogada particular" que lo había asesorado al comienzo de la causa le había dicho que debía afirmarlo porque quería "vender los derechos" sobre su vida.

  • Reconoció haber matado a su padrastro de un disparo, pero aseguró que cuando dejó el arma arriba de la mesa, su hermanastra, Karen Daniela Klein (25), la tomó y le efectuó dos balazos en el pecho a Kowalchuk.

"Se cayó al piso y la remató de un tiro en la cabeza. Incluso quedó el agujero en el suelo", agregó el imputado, que luego pidió perdón a la familia por lo sucedido, aunque no se mostraba muy arrepentido, según observaron asistentes a la audiencia.

Tras la declaración, la fiscal de juicio, Laura Zyseskind, pidió la detención de Klein por la pena en expectativa que enfrenta (prisión perpetua) y los jueces del TOC 7 hicieron lugar "de forma preventiva" para "asegurar su comparescencia al debate".

El abogado de la joven, Rómulo Miño, se mostró disconforme con la medida de los jueces María Coelho, Alberto Gaig y Federico Ecke al afirmar que "ella siempre se presentó a las audiencias y si se hubiera querido fugar, lo hubiera hecho".

Revelaciones macabras del doble parricidio

El hecho que se juzga fue descubierto el 13 de septiembre de 2015, cuando a raíz de una denuncia por paradero, la Policía allanó la casa familiar situada en Sarratea 2726 de Manuel Alberti, Pilar, y allí encontró restos humanos quemados de Klein y Kowalczuk.

Luego, en un baldío ubicado a ocho cuadras de la casa, se hallaron 16 bolsas con cenizas, huesos y más restos calcinados.

El sitio donde hallaron restos humanos.

Karen siempre sostuvo declaró que ella sólo fue testigo de los crímenes de sus padres y que si no había denunciado nada era porque estaba amenazada por Acosta. Sin embargo, la fiscal optó por mandarla a juicio para que sea un tribunal el que defina si tuvo o no algún grado de participación.

Según la declaración de la joven, el doble parricidio ocurrió alrededor de las 8.30 del 2 de septiembre de 2015, cuando los hijos de las víctimas y hermanastros de los imputados, dos mellizos de 11 años en ese momento, no estaban en la casa porque Kowalczuk los había llevado al colegio.

Klein contó que Acosta ejecutó a su padre de un tiro en la cabeza cuando estaba en su cama y a su madre de tres disparos cuando llegó de la escuela y que luego se deshizo de los cuerpos haciendo varias fogatas.

En el caso de Acosta, la fiscal lo envió a juicio pese a que una pericia oficial determinó que es inimputable. "Se trata de un sujeto que padece un trastorno psicótico compatible con enfermedad esquizoafectiva y un cuadro compatible con epilepsia", escribió en sus conclusiones una perito oficial.

En otro tramo de su informe, la psiquiatra reveló que Acosta presentaba "sentimientos de odio y ansiedad hacia ambas víctimas, en especial hacia su madre", a quien acusaba de "permanentes vejaciones desde los 3 años" y de "entregarlo" a sus parejas para ser abusado sexualmente.

El informe destaca que el joven, tras los crímenes, trató de ocultarlos e inventó como excusa que sus padres los habían abandonado para irse a jugar a un casino de Uruguay.

Además, compró herramientas en el barrio para descuartizar e incinerar los cadáveres, lo cual generó un olor nauseabundo que fue percibido por todos los vecinos.

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