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Entrevista a Patricia Gherovici, premiada por su trabajo "Psicoanálisis transgénero"

"El psicoanálisis puede ofrecer un discurso desprejuiciado sobre lo particular, lo excepcional, lo no normativo", dice la psicoanalista argentina ganadora del Premio Sigourney 2020.

Este premio Sigourney de alguna manera reconoce el potencial que tiene el trabajo cuando el psicoanálisis está abierto a la exploración de lugares que estaban desatendidos", dijo la doctora.(Gentileza Patricia Gherovici)

Este premio Sigourney de alguna manera reconoce el potencial que tiene el trabajo cuando el psicoanálisis está abierto a la exploración de lugares que estaban desatendidos", dijo la doctora. | Gentileza Patricia Gherovici

Por: Agustina Ramos

El transfeminismo y el psicoanálisis han tenido sus encontronazos a lo largo de la historia. Con sus aportes: algunes investigadores consideran al psicoanálisis como un antecedente de la teoría Queer dado el trabajo realizado sobre la sexualidad, que trajo una forma de pensarla diferente a la conservadora y biologicista de la época. Con el descubrimiento del inconsciente y la ampliación del concepto de sexualidad, Sigmund Freud propuso un cuerpo que ya no respondía a su configuración biológica. De hecho llegó a afirmar que "la pulsión sexual es al comienzo independiente de su objeto", es decir, que no está determinado qué o quiénes nos causan deseo. Pero también, con las críticas que se le ha hecho —alugunas muy conocidas como las de Judith Butler y Paul B. Preciado—, hacia el concepto privilegiado del falo de Jacques Lacan, la Ley del Padre, el Complejo de Edipo, la universalización de la teoría, etcétera.

En este contexto se para la psicoanalista argentina radicada en Estados Unidos, Patricia Gherovici, ganadora del Premio Sigourney 2020 por su trayectoria y su reciente libro Psicoanálisis transgénero, trabajo que ha contribuido al nuevo campo emergente de la "transpsicoanalítica". Gherovici es cofundadora y directora del Philadelphia Lacan Group, profesora asociada de Psychoanalytic Studies Minor, en la Universidad de Pensilvania, y trabajó a lo largo de su carrera y clínica con grupos marginalizados.

Para la doctora se puede hacer psicoanálisis con poblaciones marginadas por raza, género, clase o sexualidad, proporcionando una integración de la diferencia, sea cultural, de raza, de clase o de identidad. "Esta dimensión política del psicoanálisis es muy relevante en el momento actual donde las problemáticas de segregación se han hecho tan evidentes", subrayó. En este sentido, sobre su trabajo en la clínica, agregó: "Al cuestionar nuestras nociones de raza, género, sexo e identidad sexual, desafiando la normatividad y los esencialismos, podemos reorientar productivamente la práctica psicoanalítica".

Desde Filo.news entrevistamos a la reciente galardonada por el Premio Sigourney y conversamos sobre las intersecciones entre el psicoanálisis y el género: las disputas, las críticas y la retroalimentación que existe con el transfeminismo.

— Vos hablás de un psicoanálisis que es esencialmente queer, ¿a qué hacés referencia?

—  En los orígenes de lo que es hoy el movimiento LGBTIQ+ hubo una figura muy importante que fue Magnus Hirschfeld, fundador del instituto de sexología "Institut für Sexualwissenschaft" en Alemania en los años '20. Fue militante por los derechos de los gays y colaboró con la primera sociedad psicoanalítica. Él fue el primero en utilizar la palabra "transexualismo" y al instituto lo frecuentaban personas trans. Los primeros trabajos de Freud se publicaban en las revistas a cargo Hirschfeld: había una colaboración teórica muy cercana en lo que era el campo de la sexología emergente y el psicoanálisis.

En la teoría, si uno lee cuidadosamente a Freud, él propone algo que se puede considerar como un psicoanálisis queer o una sexualidad queer porque habla, por ejemplo, de una idea de pulsión sexual cuyo único objeto es la satisfacción y el género de ese objeto —inclusive lo que sea ese objeto— no es algo necesariamente determinado por el género.

— Si esta fue su esencia, ¿qué pasó luego?

— Freud apelaba en el año 1918 a un psicoanálisis para pueblo, lo dijo así, literalmente. Creo que lamentablemente la historia de las instituciones psicoanalíticas se ha distorsionado. En Argentina y Latinoamérica, el psiconálaisis ha tenido una tradición donde ha tenido mas consciencia social. En Estados Unidos, en cambio, ha sido relegado y ghettorizado —de una manera irónica— a la gente de dinero. No hay que olvidarse de este origen del psicoanálisis, que no es necesariamente en el centro sino en el margen. Es efectivo desde cierta otredad, cierta marginalidad.

Aquellos psicoanalistas que no tienen un compromiso social o que sancionan como desviado a quienes se identifican de maneras no normativas, tienen posturas antipsicoanalíticas. No se puede clasificar a las personas de acuerdo a su deseo o su identidad.

Paul Preciado hace dos años hizo una ponencia en París en una reunión internacional de psicoanalistas y recordó que estos prejuicios están presentes dentro del psicoanálisis en las instituciones y crean efectos terroríficos.

Las identidades funcionan a veces como obstáculos para la verdad subjetiva. Para el psicoanálisis lo que cuenta es cierta verdad del sujeto que va más allá de lo que le atraiga a cada quien o se sienta indentificado. Por eso trabaja constantemente en cuestionar las identidades: el sujeto emerge cuando las identidades caen.

— ¿Qué sucede con las teorías que han recibido muchas críticas como el Complejo de Edipo por considerarlas normativas y universalistas?

— Quizás deberíamos hablar de varios psicoanálisis. Creo que el tema del Complejo de Edipo ha sido uno de los temas más controvertidos y hay varias maneras de verlo. Ya se puede encontrar las limitaciones del modelo que han sido enunciadas desde los años ‘70. Yo creo que la obra de Jacques Lacan propone una salida a las limitaciones que puede tener una lectura que hace una reducción como un especie de embudo o colador donde todo el mundo tiene que pasar y salir "normal".

Siempre lo que uno escucha en la clínica es en el lugar de la otredad, de la excepción, de lo único; no de la norma. La generalidad aliena, enferma. Lo que nos hace hacer la vida de una manera vivible es cuando uno descubre la excepcionalidad de cada uno. Un posicionamiento psicoanalitico normativo aniquilia lo más valioso que puede ofrecer el psicoanálisis, que es rescatar la subjetividad.

— ¿Qué puede ofrecer el psicoanálisis a las comunidades marginalizadas?

— A aquellos que han sido marginalizados por su orientación sexual o identidad de género yo creo que el psicoanálisis lo que les puede ofrecer es una escucha desprejuiciada. En ese sentido, yo me adjunto en cierta posición del psicoanálisis que se separa de una posición conservadora y normalizadora. Mi idea es volver a los orígenes del psicoanálisis que han sido olvidados. 

Trabajando con poblaciones de latinxs en Estados Unidos, que en general son comunidades que experimentan un grado muy alto de pobreza y a veces marginalización física, lo que yo encontré que el psicoanalisis les podia ofrecer es relacionarse como sujetos y no como objetos. En general a ese tipo de poblaciones se las aborda desde un punto de vista pedagógico.

El psicoanálisis propone trabajar con el conflicto, trabajar con la otredad y en ese sentido produce una dinámica diferente que no sea paternalista ni infantilizadora que es decir lo que tienen que hacer. Es importante intervenir de una manera que se respete esa posición marginalizada y ofrecer un espacio de hospitalidad. Además, el psicoanálisis puede ofrecer un discurso que es sobre lo particular, lo singular, lo excepcional, lo individual, lo no normativo. Cada persona es única.

— ¿Cómo ves la relación entre el psicoanálisis y el transfeminismo?

— La relación entre el psicoanálisis y los grupos trans ha sido controversial porque el psicoanálisis adopta estas actitudes de necedad y de ceguedad en cuanto a la teoría y han patologizado a personas que presentaban sexualidades no normativas y fueron relegados a un terreno de marginalización. Obviamente, los grupos que se sintieron marginalizados tomaron distancia y se sintieron maltratados por una posición que no era éticamente sostenible y que era agresiva. 

Por otro lado, el feminismo enriqueció al psicoanálisis y a la vez se enriqueció con él. Ha habido siempre un diálogo muy cercano entre el feminismo y el psicoanálisis. Es una cuestión de lecturas. Se puede hacer una lectura patriarcal de Freud, pero a la vez ha dejado el legado de una obra que permite una lectura que no es heteropatriarcal. Si uno lee cuidadosamente, muchas de las propuestas de Freud hablan de una forma de la sexualidad humana que contradice cualquier intento de normatividad. Pero me parece muy productivo un intercambio entre una lectura feminista y una lectura psicoanalítica o una lectura feminista psicoanalítica.

— ¿Cómo te encuentra el ser galardonada con el Premio Sigourney 2020?

— Creo que es algo provechoso y alentador que se lo hayan dado a dos personas de Lationamérica. Este premio Sigourney de alguna manera reconoce el potencial que tiene el trabajo cuando el psicoanálisis está abierto a la exploración de lugares que en el contexto de Estados Unidos han sido de alguna manera desatendidos. Yo trabajo con minorías, ya sean marginalizadas por género, por clase, por sexualidades o por una construcción de raza, y que en los últimos años justamente lo que se está dando es una apartura a reconocer ese trabajo.

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