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Actualidad

¿Hasta dónde llega la recuperación económica?

Los niveles de actividad llevan a que la economía argentina pueda crecer 8% o más durante este año. El empleo registrado recuperó los niveles prepandemia. Al mismo tiempo, sigue creciendo la precariedad e informalidad del trabajo.

El empleo formal ya recuperó los niveles prepandemia.

El empleo formal ya recuperó los niveles prepandemia.

Por: Gonzalo Finlez

El comienzo de la campaña electoral encuentra con optimismo al gabinete económico. Los datos indican que lo peor de la recesión ya pasó. Los niveles de actividad repuntan y hay sectores que operan a niveles superiores a los de 2019. 

"Estamos replanteando escenarios de crecimiento de la Argentina. Estábamos con proyecciones del 7 % para este año y es probable que estemos cerca del 8% o un poco más", aseguró el ministro de Desarrollo Productivo en la tarde de ayer, en una jornada sobre finanzas digitales organizada por el Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF).

Matías Kulfas dijo que "hoy tenemos un sector industrial creciendo por arriba del 2019, la construcción muy bien, al igual que la energía que con el Plan Gas está muy dinámico y Vaca Muerta que está con niveles récords de inversión y producción".

En ese sentido, el Indec informó este miércoles que el uso de la capacidad instalada de la industria llegó al 64,9% en junio. De esta forma, el uso de las maquinarias industriales alcanzó un punto máximo desde mayo de 2018. Desde el Centro de Estudios para la Producción (CEP XXI), adelantaron que en julio la actividad industrial registró un crecimiento del 4,8% respecto al mismo mes de 2019.

 

El trabajo

Con menor fuerza, se recuperaron los puestos de trabajo registrados que fueron perdidos con la llegada del coronavirus. Un año después del piso de empleos en blanco alcanzado en mayo de 2020, se volvió a los 12.033.000 de marzo del mismo año. 

Sin embargo, de los 286.000 empleos creados en un año, casi la mitad corresponde a monotributistas. Del total de nuevos trabajos registrados, 150.000 son asalariados y 136.000, monotributistas y autónomos. Cabe recordar que el monotributo suele encubrir una relación laboral precaria. Este aspecto es explotado incluso por el propio Estado, que apela regularmente a esta modalidad de contratación.

Pero la precariedad del mercado laboral argentino se agrava, y con ella la desprotección de los trabajadores. En el último trimestre del año pasado, la tasa de informalidad alcanzó al 51,8% de los ocupados, según un informe de la Cátedra Unesco sobre las manifestaciones actuales de la cuestión social del Instituto Di Tella. 

En el camino del deterioro también empalma el salario. El ingreso laboral promedio tuvo una reducción de 1,4% interanual en el primer trimestre de 2021. Desde el primer trimestre de 2018, alcanza un desplome del 22,2%. 

La pérdida de poder de compra fue extremadamente desigual. Mientras que para el estrato más bajo de trabajadores (el 40% que menos gana) llega al 27%, para el estrato más alto (el 20% que más gana) fue del 19% entre los primeros trimestres de 2018 y 2021. Los datos corresponden al informe sobre la situación del mercado de trabajo de julio, elaborado por CIFRA - CTA.

Fuente: Informe sobre la situación del mercado de trabajo de julio 2021, CIFRA - CTA.

La contraparte de la caída del poder adquisitivo del salario es un incremento relativo en las ganancias empresarias. Cuando el informe citado compara la situación reciente con la previa a la pandemia, advierte que entre los primeros trimestres de 2020 y de 2021, las remuneraciones al trabajo asalariado pasaron de representar el 49,8% al 46,1% del valor agregado total, mientras que el excedente bruto de explotación aumentó del 35,2% al 40,2%.

La marginalidad

La exposición de datos puede resultar tediosa, pero es necesaria para ilustrar la cotidianeidad de las familias trabajadoras argentinas. Mientras la producción industrial se recupera con fuerza, los empleos pierden calidad y los salarios alcanzan para comprar cada vez menos cosas. El resultado: mayor marginalidad.

En diciembre pasado, el 49,6% de la población (22,7 millones) estaba en situación de pobreza multidimensional. Este es un concepto más amplio que el índice de pobreza del Indec. Lo elabora el Consejo Nacional de Coordinación de Políticas Sociales, a partir de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), e incorpora más variables además del ingreso: vivienda (condiciones del hábitat y acceso a servicios básicos), educación, empleo, protección social y acceso a la salud. El organismo era conducido por Victoria Tolosa Paz antes de ser candidata a Diputada Nacional.

La campaña electoral se desarrolla en este marco de extrema precariedad. De ambos lados de la grieta evitan referirse al cuadro social. El motivo del olvido puede encontrarse en las culpas compartidas. Se escudan en la “fortaleza institucional” que evitó un escenario de estallido popular, como los que se vienen observando en América Latina. 

Pero la particularidad argentina respecto a la región no sólo abarca a la fortaleza de su sistema de partidos y contención social de las organizaciones populares. Sino también de una estructura económica menos desigual que la de los países vecinos. La famosa “clase media argentina”, casi inexistente en la región.

Las sucesivas crisis llevan a un avance imparable de la precarización laboral, los niveles de pobreza y el ensanchamiento de las desigualdades. Se profundiza la polarización entre personas con ingresos muy bajos y quienes tienen ingresos muy altos. De esta forma, la estructura social Argentina se parece cada vez más a la de nuestros vecinos.

Es llamativo que la emergencia socioeconómica no forme parte de la agenda electoral. Esto puede arriesgar la fortaleza de las instituciones políticas, la última barrera que contiene la “paz social”. Tal vez la campaña comience a llamar la atención de la población si sus protagonistas toman la decisión de empezar a hablar de los temas que importan.

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