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Ciencia

Vera Alejandra Alvarez, la ganadora del Premio “Por las Mujeres en la Ciencia”

La investigadora del CONICET fue la ganadora del Premio L’Oréal-UNESCO “Por las Mujeres en la Ciencia” por un importante proyecto con materiales que protegen diferentes tipos de superficies del SARS-CoV-2 y otros patógenos.

Vera Alejandra Alvarez, la ganadora del Premio “Por las Mujeres en la Ciencia”

Vera Alejandra Alvarez, la ganadora del Premio “Por las Mujeres en la Ciencia”

Por: Florencia Luna

Como cada año, L’Oréal Argentina y el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) llevaron a cabo la ceremonia —esta vez virtual— de entrega del Premio Nacional L’Oréal-UNESCO “Por las Mujeres en la Ciencia” enfocado en “Ciencias de la Materia”, un certamen que distingue la excelencia científica y estimula la participación de las mujeres en el ámbito científico.

En esta 14° edición, la ganadora fue Vera Alejandra Alvarez, investigadora principal de CONICET en el Instituto de Investigaciones en Ciencia y Tecnología de Materiales (INTEMA, CONICET- UNMDP) en Mar del Plata y vice-directora de dicho instituto en donde dirige el Grupo de Materiales Compuestos Termoplásticos (CoMP), por un proyecto que tiene como objetivo desarrollar geles, films y recubrimientos poliméricos para la elaboración de materiales de protección y de inactivación del COVID-19 de distintas superficies.

Al igual que muchos equipos de investigación en Argentina y en todo el mundo, con la aparición de la pandemia de COVID-19, Alvarez y su equipo decidieron redireccionar el proyecto en el que venía trabajando —dado el carácter acuciante del problema— para poner sus diversos saberes y experticias al servicio de obtener un mayor conocimiento sobre el patógeno SARS-CoV-2.

Fue así que plantearon aprovechar las propiedades antivirales, antifúngicas y antimicrobianas de un biopolímero conocido como quitosano para producir materiales híbridos que permitan proteger diferentes tipos de superficies del SARS-CoV-2 y otros patógenos, haciendo que se inactiven —es decir, pierdan posibilidad de replicarse y de contagiar— al entrar en contacto con ellas.

“Con Verónica Lassalle [también investigadora del CONICET] hace una década que venimos trabajando en diversos desarrollos que impliquen el aprovechamiento de este polímero biodegradable y biocompatible que se obtiene a partir de desechos de la industria pesquera, como los exoesqueletos de crustáceos, que normalmente se apilan en las costas y generan desordenes ecosistémicos y un impacto ambiental negativo", afirmó la especialista en materiales compuestos de matriz polimérica y subdirectora del INTEMA.

"Así, la serie de proyectos que compartimos con Verónica, y que involucran la producción de materiales para la remediación ambiental, aplicaciones biomédicas, bioinsumos y textiles funcionales, se insertan en lo que se conoce como economía circular”.

Cuando a comienzos de este año, Alvarez y Lassalle leyeron artículos que hacían referencia a la capacidad del quitosano de inactivar distintos coronavirus, pensaron que podían aprovechar su vasta experiencia en el desarrollo de materiales en base a ese biopolímero, para hacer su aporte al combate contra la pandemia.

Entonces, con la ayuda de la Agencia I+D+i que financia proyectos orientados a mejorar la capacidad nacional de respuesta a la pandemia, el ANLIS Malbrán para los testeos y la Cooperativa de Trabajo Textiles Pigüé Ltda para encargarse de la producción a escala, así como el aporte de investigadoras y becarias de otros organismos científicos, desarrollaron, por un lado, geles, films y recubrimientos poliméricos para la elaboración de insumos de protección para el sector sanitario y, por otro, un espray que podría aplicarse también a otras superficies, como madera, vidrio, metal y plástico, y formar un film protector que tenga cierta perdurabilidad.

Estos materiales trascienden la coyuntura y más allá de la situación de pandemia actual, sus posibles abarcan muchas más posibilidades, dado que muestran una importante capacidad de inhibir también bacterias, hongos y otros virus.

"Aunque a lo largo de mi carrera he recibido varios premios, este es especial por dos motivos. Por un lado, porque, aunque me lo den a mí, lo que se reconoce es un proyecto de un equipo de trabajo que busca dar respuesta a una problemática sanitaria tanto nacional como mundial", destacó la investigadora. 

"Por otro, porque se trata de una distinción que apunta a revalorizar el lugar de las mujeres en la ciencia, lo que permite visibilizar ciertas desigualdades que frecuentemente se pasan por alto. Hay que decir que los embarazos y la crianza de hijos e hijas sigue retrasando las carreras de gran cantidad de científicas, y eso es algo que en general no se tiene en cuenta, al igual que las situaciones de violencia de género que se viven en distintas instituciones científicas muchas veces pasan inadvertidas".

"En Argentina tenemos un número muy importante de investigadoras que no se corresponde con su baja representación en los órganos de toma decisiones y gestión. En este mismo sentido, un estudio publicado en febrero por el MINCYTY muestra que las mujeres tenemos menor acceso al financiamiento que nuestro pares varones. Son cosas sobre las que todavía hay que trabajar mucho", concluye.

Finalmente, la presidenta del CONICET Ana Franchi, por su parte, sostuvo: "El trabajo de las mujeres científicas ha sido muchas veces silenciado y ocultado a lo largo de la historia. Estamos viviendo una nueva época donde comienza a ser valorado y hechos como el premio L’Oréal ayudan a que esto ocurra. Felicitaciones a las ganadoras por su trabajo pero fundamentalmente porque inspirarán a otras jóvenes a emprender este camino".

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