Estilo 14 DE FEBRERO

Dime cómo es tu relación y te diré dónde festejar San Valentín

El famoso Día de los Enamorados puede ser excitante, un dolor de cabeza o un mero compromiso. Sentilo como quieras, pero no dejes de celebrar que la vida es corta: te recomendamos algunos lugares que se adaptan a la intensidad de tu amor.

te recomendamos algunos lugares que se adaptan a la intensidad de tu amor.

te recomendamos algunos lugares que se adaptan a la intensidad de tu amor.

Este jueves 14 de febrero llega la amada y temida por igual celebración de San Valentín. Si vivís en Buenos Aires y todavía no reservaste nada, acá te hacemos algunas sugerencias de bares y restaurantes acordes al status de tu relación romántica (y donde probablemente encuentres mesa). 

Si son prácticamente desconocidos

¿Recién empiezan a salir y el Día de los Enamorados va a ser una segunda, tercera, cuarta cita? Todavía no descubrieron ni todo lo bueno ni todo lo malo del otro y tampoco saben bien qué prefiere cada uno. Lo único cierto es que la noche tiene que ser especial, pero sin ser demasiado abrumadora. La clave es buscar un lugar lindo, original en su ambientación y/o en su concepto, con un menú que sea apto para todos los gustos (omnívoros).

En este sentido, el gran anticuario devenido en restaurante y bar Nápoles (Caseros 449, San Telmo) es una buena opción: está en una de las avenidas más hermosas de Buenos Aires y el espacio llama la atención por su decoración cálida y estrafalaria, con un sinfín de tesoros escondidos. En su singularidad, no deja de ser elegante y cumplidor, con platos dignos y aperitivos italianos (tanto las pastas como las pizzas son una apuesta segura).

Si San Telmo queda muy lejos, una gran alternativa en la otra punta de la ciudad puede ser Catalino (Maure y Freire, Colegiales), un restaurante a puertas cerradas con un patio íntimo y una carta basada en los pequeños y medianos productores que proveen los alimentos para cada plato. El escenario es fino y pintoresco y siempre seduce la idea de descubrir un lugar cerrado al público en general, pero la verdadera experiencia pasa por entender de dónde viene lo que se va a comer, desde los vegetales hasta la carne, pasando por los lácteos, el pan, el aceite y todo ingrediente que esté sobre la mesa. La atención es excelente y el morfi, un lujo.

Si ya se quieren bastante, pero siguen sorprendiéndose 

La cosa está más clara, se declaran oficialmente enamorados y están acostumbrados a pasar el tiempo juntos. En este punto, visitaron varios restaurantes y se sienten en confianza como para lanzarse a la aventura... O tampoco para tanto, pero sí están aptos para probar comidas raras o conocer lugares fuera de serie.

El destino novedoso puede ser Flores. Para muchos, visitar esa parte de la Capital Federal ya es toda una excursión. En pleno barrio coreano aparece, casi redundante, Una Canción Coreana (Carabobo 1549), restaurante icónico para descubrir una gastronomía tan extraña como intrigante para el paladar argentino. Hay preparaciones picantes, otras amables, hay kimchi, hay sopas, hay vegetales, hay carnes, hay de todo y es difícil elegir porque cada opción resulta tentadora y estimulante. La carta tiene fotos, pero lo mejor es escuchar a quienes atienden: son extremadamente cordiales y se dedican a explicar cada plato a los comensales. 

¿Lo asiático no va? Pueden irse al otro extremo culianrio (y en una zona más accesible): en Palermo, casi Villa Crespo, El Santa Evita (Julián Álvarez 1479) es bien argento y peronista, que es como decir prácticamente lo mismo. Si no aman al General, no tengan miedo y anímense igual. La cocina de Gonzalo Alderete Pagés y del amor de su vida, Flor Barrientos Paz, conmueve más allá del mural gigante de Eva y de la marcha sonando en altavoz. Pan con manteca y anchoas de entrada, bife con fideos, garrón de ciervo, pesca de río argentino, empanadas al horno de barro, flan casero y la lista sigue. Prejuiciosos, abstenerse.

Si su relación ya no paga patente

Ustedes son un clásico. Las vivieron todas y se entienden como nadie. El amor sigue vigente y cobra fuerza en los momentos más decisivos, aunque no existan las cosquillas del principio. A veces se odian, pero terminan resolviendo a medias sus problemas como para poder seguir saliendo a cenar. Merecen un 14 de febrero como la gente, pero sin correr muchos riesgos: que no surjan discusiones ni ninguno de los dos se vaya disconforme. Buscan una noche feliz, cómoda y romántica. 

Facebook: Salón 1923

En el Palacio Barolo (Avenida de Mayo 1370, Centro), a pasos del Congreso de la Nación, acaba de inaugurar Salón 1923, un bar en el piso 16 del emblemático edificio porteño. El trayecto hasta la cúpula es encantador por sí mismo, con el resplandor de la elegancia de antaño y ascensores que parecen importados del Titanic (ojo: llegan hasta el nivel 14 y después hay que subir andando). Una vez arriba, lo realmente importante está afuera. La terraza ofrece una vista privilegiada de Buenos Aires que, sin duda, será lo mejor de cualquier cita. El bar en sí es intrascendente: hay aperitivos, cerveza, copas de vino de la casa y no mucho más. Conviene tomar algo sencillo y seguir camino a otro lugar.

Facebook: Los Galgos

¿Por ejemplo? Muy cerca está Los Galgos (Avenida Callao 501), un bar notable restaurado donde se pueden pedir excelentes platos tradicionales (milanesas, buñuelos de acelga, cortes de carne), beber tragos muy bien preparados y tomar un cafecito para cerrar una velada de otro tiempo. Si a Los Galgos ya fueron, en la misma línea, aunque más al sur de la ciudad, está Café Rivas (Estados Unidos 302, San Telmo), quizás uno de los rincones más pintorescos y refinados que se pueden encontrar por estos pagos. La comida es variada, aunque un poco más elaborada; la coctelería clásica es excelente y este jueves habrá música en vivo, de la mano de tres jazzeros que van a interpretar canciones memorables de películas. 

Comentarios