No te pierdas las últimas noticias

Activa las notificaciones y enterate de todo

No te pierdas las últimas noticias

Selecciona los temas que más te interesan

Género

Este nete es pere tedes les que edien el lengueje encleseve

Durante esta pandemia, cada vez que se titula "científicos" y se invisibiliza al género femenino, el debate aflora. ¿Por qué el lenguaje no binario tiene aún tanta resistencia? En esta nota, dos especialistas de la lengua y del pensar, reflexionan al respecto. 

Este nete es pere tedes les que edien el lengueje encleseve

Este nete es pere tedes les que edien el lengueje encleseve

Por: Paula Gimenez

¿Te ponés incomode cuando leés palabras en lenguaje no binario? Seguramente sí. La ruptura de algo tan fundante nos genera, en muchos casos, sentimientos encontrados y, en otros tantos, mucha indignación. 

A lo largo de los años, los feminismos cuestionaron y cuestionan no sólo los roles sino también los vínculos y es el lenguaje la herramienta clave a la hora de comunicarnos con les otres. 

La forma de hablar nunca permaneció estática en nuestra historia y es un reflejo claro de que la cultura que se expresa a través del lenguaje, es la que se modifica y lo modifica.

El universal en nuestra lengua es el masculino. El ser humano, el hombre, los médicos, los chicos, los alumnos, todo lo que integre a personas, siempre tiene a la "o" como regla general. Porque bueno, fueron ellos quienes se sentaron a patentarlo mientras las feminidades estaban, ya sabemos, limpiando, cuidando a les hijes y haciéndose cargo de todas esas tareas tan necesarias como invisibilizadas. 

Pero volvamos acá, porque el tiempo pasó y la última década, no fue cualquier década. Del 2015 a esta parte, si bien los movimientos feministas datan de mucho antes, a las estructuras que marcan la desigualdad se les comenzaron a notar todos los hilos. Desde la desnaturalización de los abusos hasta la diferencia salarial, nuestro país (y el mundo) revisan a diario a una cultura machista, hoy resquebrajada.  

Si tuviéramos que figurar en una hoja estos avances, una buena forma sería escribir "todes" y que todes, estén o no de acuerdo, entendieran de qué se trata. Ahora bien, esta modificación de nuestro lenguaje, y digo ésta particularmente porque muchas otras no tienen resistencia, genera bronca e incomodidades en millones de argentines. 

La tasa de participación de las mujeres en el mercado de trabajo en nuestro país creció significativamente: del 36,8 % en 1990 al 48,1 % en el primer trimestre del 2017. Pero aún así, aunque formamos parte activa del mercado laboral, en los titulares de los diarios, eso casi que no se nota.  

Durante la pandemia por el coronavirus quedó evidenciado lo difícil que sería para un extraterrestre darse cuenta, a través de los medios de comunicación, que no existen en nuestro planeta sólo médicos varones y que no todas las personas que practican enfermería son mujeres. 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Una publicación compartida de Paula Gimenez (@yofermina) el

Por las mismas razones, estos extraterrestres tampoco podrían llegar al equipo de científicas del CONICET que trabajan y buscan la vacuna para el coronavirus ya que científicos es lo único que aparece en los titulares.

Hay muchos argumentos que podemos utilizar para entender a lo que apunta y para explicar por qué molesta tanto esta modificación del lenguaje. Pero para eso, Filo.News entrevistó al filósofo Dario Sztajnszrajber y a Tamara Mathov, traductora y profesora de español. 

Linkear sí, incluir ni se te ocurra

En este debate, hay algo muy difícil de definir que es la teoría del huevo o la gallina: ¿es el lenguaje el que modifica a la sociedad o es la sociedad la que modifica el lenguaje? Para Mathov, la segunda opción es la respuesta. "Diría que el proceso es el inverso, que ciertas modificaciones culturales se reflejan en el lenguaje. Ante nuevas realidades y nuevas interpretaciones, buscamos nuevos modos de expresión. Parece que la lengua, tal como estaba, no nos permitía expresar los cambios psíquicos y políticos que se fueron dando a lo largo de los años, entonces recurrimos a una serie de modificaciones que resultaron en el lenguaje inclusivo", sostiene la especialista. 

"Suelo ser bastante anárquico en el modo de pensar cuáles son las causas de transformación cultural. Con respecto al lenguaje, entiendo en la línea más tradicional que hay usos de la lengua que se van de algún modo incorporando, instalando y que van transformando nuestra forma de hablar. Esta es, de hecho, ideológica", apunta el filósofo y agrega: "Hay una normativa que se establece a partir de la existencia de un órgano que define lo que es el habla, pero también hay, como te decía, un uso cotidiano que detecta diferentes variables y va generando la posibilidad de transformación. En algunos casos esa incorporación se va realizando de hecho, y en otros casos aparece fuertemente ahí el lugar de la normativa y muchas veces dando una fuerte batalla". 

Como dijimos arriba, si bien nuestra forma de hablar fue modificándose a través de nuestra historia, muchos cambios generaron fuertes resistencias y muchos otros no tanto. "Cuando el progresismo avanza, se despiertan fuerzas reaccionarias. Cada una de las conquistas de los feminismos nos aportan ejemplos de esto. Es probable que cuánto mayor sea la reacción, más cerca estemos de lograr una modificación real. En lo estrictamente lingüístico, todas las generaciones miraron con terror como les mas jóvenes 'corrompían' la lengua. Si revisamos discusiones de hace veinte años, veremos muches adultes escandalizades por palabras como 'chatear', 'linkear', que hoy en día son mucho más aceptadas", especifica Tamara.

Al respecto Darío Sztajnszrajber se pregunta de forma retórica: "¿Por qué se toma con tanta naturalidad los cambios en el lenguaje cuando tienen que ver con el dispositivo tecnológico y, sobre todo, de lo que es la mejora tecnológica o la idea de progreso tecnológico y se toma con tanta resistencia desde el sentido común la propuesta, el lenguaje inclusivo? Entendiendo que en ambos casos, si se quiere, incluso hay una vocación de progreso".

Estúpida y sensual RAE

La Real Academia Española, gran detractora del lenguaje no binario, da vueltas, pelea y lucha en contra de este cambio que, de movida, no les cierra. Aún así, a medida que pasan los años, los argumentos son más flojos y la resistencia se debilita. 

"Respecto al lenguaje inclusivo, la RAE parece estar modificando su discurso. En el año 2012, cuando el foco era el lenguaje no sexista que pretendía desdoblar todas y todos, varones y mujeres, la RAE argumentaba problemas lógicos y sistémicos que hacían aparentemente 'imposible' el uso de este lenguaje. El uso del lenguaje inclusivo, que comenzó a expandirse en los últimos años, pone en jaque la mayoría de estos argumentos", explica Mathov. 

"Más allá de algunos tuits o comentarios aislados que tildan el lenguaje inclusivo de 'innecesario', hasta ahora no hay ninguna declaración institucional clara respecto al uso de la 'e'. Sin embargo, en febrero de este año, Santiago Muñoz Machado, director de la RAE, dijo: 'Si algún día todo el mundo habla de ´todes´, las academias no tendrán más remedio que reconocer que así es'. Más allá de si nos importa o no lo que la RAE opine, no hay dudas de que el lenguaje inclusivo se abrió y continúa abriéndose camino de abajo hacia arriba", fundamenta.

Es que así es, lingüistas aseguran que ese es el verdadero "problema" en este debate. No es el lenguaje el que modifica la cultura sino que es la cultura la que lo hace pero, ¿cómo comienza la "e" a existir como opción si nadie la nombra? Está claro que la Real Academia toma los cambios cuando ya los cambios sucedieron, así que esperar de ella indicaciones previas sea tal vez un error.  

"En general, me parece que la RAE, nunca interviene pasivamente ni amigablemente, sino que siempre lo que primero busca, como toda institución en algún punto, es conservar lo que hay. Toda institución, ontológicamente hablando, es siempre conservadora en algún sentido, porque trata de sostener el sistema vigente. Y ante la novedad, me parece que ahí dicen primero paremos un poco la pelota. Ahí piensan, levantan la cabeza, miran para atrás y lo toman cuando ya es un hecho", explica Sztajnszrajber.

Detractores a detractar

Aquí venimos a responder la duda que el filósofo planteó antes. ¿Por qué está todo bien con link pero no con amigues? ¿Por qué genera tanta bronca una modificación que habla de los tiempos que corren? Intentaremos, junto a Mathov, desarmar tres de las típicas críticas que se repiten en este debate. 

La primera: Destruye la riqueza del español.

"Eso es un absurdo sin pies ni cabeza. Es una imposición hecha de arriba hacia abajo por parte de grupos privilegiados. A quienes piensan así, les diría que el lenguaje no es algo que pueda destruirse, sino algo que se transforma y se adapta a las necesidades de la comunidad de habla. Les hablantes contamos con mecanismos para nombrar lo que hasta ahora no ha encontrado su forma, esta es una característica del lenguaje. Tomamos prestadas palabras de otras lenguas, combinamos palabras ya existentes, etc. Muches creen que estos cambios pasaron hace muchos años y que lleva siglos incorporarlos, sin embargo, no es así, acuñamos palabras nuevas permanentemente. El lenguaje técnico es un buen ejemplo de esto. Las diferentes disciplinas crean palabras que no existen para poder nombrar nuevos conceptos", responde al hueso, la profesora.

La segunda: No es sólo cambiar una palabra, es modificarle el género a todas y eso es imposible.

"Es verdad que el lenguaje inclusivo representa una modificación sin precedentes en la medida que cuestiona una de las bases fundamentales del español: el género. Sin embargo, el género neutro no es nada nuevo, existía en el latín y existe también en español actual en pronombres como 'le' o adjetivos como 'grande'", responde Mathov. 

La tercera: Nos quieren obligar a hablar con lenguaje inclusivo, es una imposición y así no se maneja la lengua. 

"El lenguaje inclusivo, lejos de ser una imposición de arriba hacia abajo (como si lo es, por ejemplo, la buena ortografía), surge en la década del setenta de manera muy minoritaria, en circuitos feministas y LGBT+. Décadas después, el lenguaje inclusivo fue expandiéndose más allá de estos nichos y alcanzó la esfera pública, las redes sociales, las universidades y las escuelas. Personas que jamás han participado de circuitos de militancia se encuentran hoy con este lenguaje. Es interesante pensar cómo desde la hegemonía se acusa a las minorías de querer imponer. El statu quo actúa invirtiendo los roles y con su discurso pretende ubicar a aquellos que reclaman derechos en una posición de poder", finaliza la especialista. 

Ideología, esa incómoda palabra 

A esta altura, queda claro. El problema no es la modificación, ni el sonido, ni la dificultad de adaptarse a una nueva forma de hablar, lo que incomoda es lo que esa "e" significa. 

"Todos los argumentos que tengan que ver con oponerse al lenguaje inclusivo en términos de degradación de la lengua, corrupción del habla, chocan cuando de manera absolutamente arbitraria establecen que hay casos donde si la cosa vale, como decíamos antes, con la tecnología. Esa doble vara te lleva a suponer, como me parece evidente, que hay una cuestión ideológica", explica Sztajnszrajber.

Para el filósofo, aunque teme que la comparación no sea exacta, la propuesta del lenguaje inclusivo es similar al movimiento hippie que se impuso en el mundo en los años 60. "Detrás de una nueva forma de vestirse había una propuesta ideológica. El tema es que, cuando el movimiento hippie se quedó solo y se agotó su gesta en una mera estética, perdió sentido su lucha. Con el lenguaje inclusivo, tal vez pase lo mismo", sostiene.

Y así como sucedió con este movimiento, para Sztajnszrajber, si nos quedamos en la mera reivindicación de una forma de hablar, se pierde su significado político. "Soy de los que piensan que el lenguaje inclusivo no debería nunca convertirse en una nueva gramática. El lenguaje inclusivo es al revés. Para mí es la evidencia de que toda gramática tiene que estar primero abierta al cambio. De algún modo en la forma de hablar se construye el sentido. Hay algo en la gramática de normativo que termina generando cierto dogmatismo que está bueno ir moviendo. El lenguaje inclusivo pone en alerta que hay algo en nuestra forma de hablar que toma partido. Si se termina volviendo lenguaje oficial, pierde ese carácter provocativo", reflexiona.

Aún así, ante esta dualidad que propone el filósofo, la validación del lenguaje inclusivo como herramienta, es clave. "Siempre hay que cuestionar a aquellos que toman una postura arbitraria y hasta violenta en contra del uso de este lenguaje, toda represión o penalización al lenguaje inclusivo para mi tiene que ser cuestionada porque es como una emergencia que busca de algún modo poner a luz desde sectores políticamente debilitados. Es su derecho, su presencia, su voz, su existencia. Pero del mismo modo me parece interesante problematizar hasta qué punto el lenguaje inclusivo se debe volver gramática oficial. En una sociedad democrática, lo más interesante es que puedan darse las condiciones para que cada quien hable como quiera, sin desatender, por supuesto, que el punto de partida no es igual para todes", finaliza Sztajnszrajber.

De yapa, inception de debate

Dentro de la aplicación del lenguaje inclusivo o no binario, la utilización de la "e" tiene atrás otra discusión. Pero esta vez no es de les detractores sino de quien lo utiliza e inclusive lo milita. 

Si bien los movimientos feministas tienen un objetivo en común, también muchísimas diferencias y el lenguaje inclusivo no se queda afuera de estos dilemas. Hay feministas que eligen enumerar una a una las opciones al hablar y en vez de decir "todes", dicen "todos, todas y todes". ¿Por qué sucede esto? Bueno, la realidad es que esa también es una decisión política. 

Dentro de los feminismos, muchas activistas se niegan a utilizar la "e" como denominador común ya que invisibiliza a la "a", letra que representa la lucha de las mujeres en todo esto. 

Pero al hacerlo, sucede una de las grietas más incómodas e irreconciliables de la lucha feminista. Al separar la "a" de la "e" se afirma que las mujeres no somos lo mismo o no estamos en el mismo lugar que el resto de los géneros, por ejemplo, que las personas trans. 

Por otro lado, como periodista que necesita utilizar pocas palabras para titular, la "e" además de dictaminar una ideología y de ser realista, resulta muy funcional. Ya que "médicos, médicas y médiques", no entra en 80 caracteres. 

La idea de este artículo es comprender y abrir el debate a un tema que, aunque genere muchos berrinches, sucede. El lenguaje no binario no llega al escenario como la única opción válida sino todo lo contrario, como el derecho a una opción distinta a la norma.

En definitiva, quienes utilizamos este lenguaje jamás obligaremos a usarlo pero sí militaremos para que sea una posibilidad válida. Porque así como nosotres existimos, tenemos derecho también a ser nombrades. 

En esta nota:

Comentarios