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Nicki Nicole en el Teatro Colón: el trap al escenario más imponente del país

La artista rosarina de 25 años se convirtió en la primera mujer del género urbano en presentarse en el Teatro Colón. En formato sinfónico y con invitados como Milo J, Cazzu y Jorge Drexler, Nicki tendió un puente entre lo popular y lo clásico en una noche atravesada por la búsqueda, la emoción y el peso histórico del escenario.

Nicki Nicole en el Teatro Colón: el trap al escenario más imponente del país

La imponencia del Teatro Colón no se explica: se siente. Sus columnas, su historia, su peso simbólico. Es el escenario al que no muchos llegan. Por ahí pasaron gigantes como Mercedes Sosa, Charly García, Gustavo Cerati y Astor Piazzolla. Y anoche, en ese mismo lugar, una piba de Rosario salió a cantar trap y se convirtió en la primera mujer del género urbano en presentarse en ese escenario.

Apareció pequeña pero imponente, traje negro, firme. Y abrió, irónicamente, con “Wapo Traketero”. Ese tema que en 2019, arriba de una bicicleta, rompía las redes y la instalaba como una nueva voz del urbano argentino. Siete años después, esa misma canción sonó acompañada por más de 70 músicos en formato sinfónico, bajo la dirección de Nico Sorín, que por momentos parecía un trapero clásico vestido de director.

El choque era evidente y poderoso. El teatro, que remonta a una vanguardia del siglo pasado, con su acústica perfecta y su solemnidad cuasi europea intacta. La modernidad del sonido urbano, las bases, la tecnología, la pantalla que acompañaba una puesta a la altura de los grandes shows contemporáneos. Lo clásico y lo popular en diálogo. O mejor dicho: abrazándose.

Y también tensándose. Porque por momentos sus fans no aguantaban los gritos. Entendible: su ídola estaba ahí, cercana, íntima, casi al alcance de la mano. Pero la etiqueta tradicional del Colón exige silencio para no interrumpir la ejecución técnica de la orquesta y el disfrute del resto del público. Ese cruce generacional fue parte del espectáculo. La cultura del grito frente a la liturgia del aplauso medido. El urbano entrando en un territorio históricamente reservado.

La narrativa atravesó toda la noche. No fue solo un concierto, fue una búsqueda. Una Nicki enfrentando la luz y la oscuridad, el éxito y sus costos, la presión de ser una de las artistas más destacadas de su generación. La historia de alguien que en medio de la vorágine intenta recuperar algo que sintió perdido.

Las colaboraciones ampliaron el proyecto y consolidaron un diálogo dentro de la escena. Con Milo J interpretó “Dispara” y “Alumbre”. Con Cazzu resignificó “Zona de Promesas” con matices folklóricos. Pero lo de Cazzu no es solo una colaboración: es historia compartida. Fue una de las primeras grandes figuras del trap argentino y alguien que ayudó a Nicki en sus comienzos, cuando todo era más incierto que glamoroso. Verlas juntas en el Colón fue también ver la evolución de dos pibas que pasaron del under a nombres propios reconocibles en el mundo entero.

Con el uruguayo Jorge Drexler compartió una delicada versión de “Sea”, aportando intimidad y sofisticación. Y en “Boquitas Pintadas”, una Nicki pequeña cantó frente al espejo junto a su versión actual, en uno de los momentos más sensibles de la noche. Si de cumplir sueños hablamos, la piba que creció escuchando a Tan Biónica hoy tiene una versión de esa canción junto a la banda liderada por Chano Charpentier, con quien forjó una amistad que trasciende la música.

También hubo espacio para lo popular en su estado más puro. “Otra Noche” encontró un momento de piano íntimo. Y sorprendió un cover de “Olvídala”, canción popularizada por Los Palmeras, que sonó distinta, casi ceremonial. Un coro de niños aportó capas emocionales en varios pasajes del show.
El repertorio fue de 27 canciones. Un recorrido amplio que dialoga con su presente: recientemente nominada por primera vez a los Grammy Awards en la categoría Best Música Urbana Album por “NAIKI”, y también a los Latin Grammy Awards 2025 como Mejor Álbum de Música Urbana por el mismo proyecto.

Nicki ya había probado el formato sinfónico en el Monumento Nacional a la Bandera, donde reunió a más de 300.000 personas en su ciudad natal. También compartió escenario con Andrea Bocelli en su paso por Argentina. Pero lo del Colón tiene otra carga. No es solo una convocatoria. Es una legitimación simbólica e histórica. 

De Rosario, de la cancha de Newell’s, del trap crudo y viral, a llenar de trap y hip hop el teatro más histórico del país. Lo popular conquistando lo solemne sin pedir permiso. El Colón no se modernizó anoche, fue el urbano el que demostró que ya es parte de la historia grande de la música argentina. Y Nicki, con apenas 25 años, ya escribió una página propia en ese libro.

Nota escrita por Martin Mozotegui

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