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Actualidad POLÍTICA INTERNACIONAL

Filo.Mundo | El “Grupo 300” que transpira sudor y sangre por Jair Bolsonaro

En plena pandemia y desde el segundo país con la mayor cantidad de muertos en el planeta surgió una suerte de milicia armada que apoya al mandatario brasilero. Quiénes son y qué hacen, en esta nota. 

Filo.Mundo | El “Grupo 300” que transpira sudor y sangre por Jair Bolsonaro

Filo.Mundo | El “Grupo 300” que transpira sudor y sangre por Jair Bolsonaro

Por: Daniel Maffey

Al día de la fecha la República Federativa de Brasil acumula un total de 2.859.073 casos confirmados y 97.256 decesos a raíz de la pandemia del coronavirus. A esta triste circunstancia se suma el surgimiento del “Grupo 300”, un caso sintomático de las deudas pendientes que la transición democrática del gigante del Sur dejó desde hace décadas. 

Esta suerte de milicia de camping toma su nombre a partir de la película que retrata la batalla de las Termópilas en la que un grupo de soldados liderados por Leónidas de Esparta, impidió el avance persa. 

Si bien no hay una fecha precisa, la agrupación se formó en tiempos de un distanciamiento social que nunca respetaron y para comienzos del mes de mayo la periodista Jessica de Almeida pudo infiltrarse entre esta gente y contó algunos de los lineamientos ideológicos en cuestión. 

En esencia, a tono con la lógica discursiva del segundo presidente más votado en la historia del país, se marca el avance del comunismo y la necesidad del pueblo de defender las libertades como ejes centrales de esta retórica. 

Situadamente, el “Grupo 300 de Brasil” se presenta en el estacionamiento del Ministerio de Justicia y Seguridad Pública, en Brasilia, en una suerte de campo de reclutamiento desde el que ofrecen un lugar “seguro” a sus integrantes para bañarse y comer.

Como en todo grupo, hay alguien que está al frente del movimiento y en este caso se trata de Sara Geromini, más conocida por los 300, y quizás por vos también, como Sara Winter.  Lo curioso es que no era una desconocida antes de esta cruzada. 

Fue sin suerte candidata a diputada por Río de Janeiro y en pocos meses pasó de encabezar protestas contra Bolsonaro y considerarse feminista a ser públicamente partidaria del actual presidente y férrea defensora del llamado derecho a la vida. En esto, su nombre lo toma de una destacada partidaria nazi integrante de la Unión Británica de Fascistas.

Brasil, la democracia y sus deudas pendientes

A pesar de los más de 20 años de dictadura entre 1964 y 1985, las Fuerzas Armadas brasileras no sufrieron el desprestigio que sí pasó por ejemplo en la Argentina. 

Esto en parte al carácter menos represivo, al crecimiento conocido como el milagro económico y en buena medida a la falta de memoria para con los 434 muertos y desaparecidos.

Además de esto pesó y pesa mucho la lectura de los militares sobre la transición democrática donde se habla de un gran acuerdo nacional, que implicó una ley de amnistía a cambio de una convocatoria a elecciones sin proscripciones.

Y si bien no deja de sorprender que la impunidad de torturas, desapariciones y asesinatos haya quedado marcada por una Ley, sí nos deja entender la cuestión militar, porque no fue que solamente evitaron el juicio a personas, sino que además desligaron de responsabilidad a las instituciones militares.

Es por esto que el artículo 142 de la Constitución le dio a las Fuerzas Armadas el papel de garantes de algo tan raro como es “la ley y el orden”, un hecho que si bien pasó hace 35 años sigue estando más presente que nunca

Como señala Juan Negri, el proceso de militarización del gobierno de Bolsonaro y el acuerdo con el Comando Sur de los Estados Unidos muestra el retorno de las Fuerzas a la conducción política del Estado y el aumento de su influencia en las relaciones exteriores.

Además de esto, Bolsonaro comenzó a aislarse en términos políticos, rompiendo con su partido y dejando vacíos que también empezaron a llenarse con la figura del vicepresidente, el ex general Hamilton Mourão.

Es entonces por demás preocupante que la forma de gobernar de Bolsonaro pueda además ir construyendo ya no un discurso sino una práctica donde el Estado de derecho esté cada vez más amenazado. 

Nuevamente apunta Negri que no en vano en plena pandemia el presidente salió varias veces a la calle diciendo que hay que cerrar el Congreso y que las Fuerzas Armadas lo apoyan.

Algo que quizás pueda variar según el momento pero que definitivamente deja en claro lo que el recientemente fallecido Ruy Fausto sostuvo y es que no se trata de predecir cuándo va a ocurrir el quiebre institucional en Brasil, porque lamentablemente, todo indica que esto ya pasó. 

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