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¿A qué le temen los anti-vacunas?

Un grupo de científicos se tomo el trabajo de recorrer las redes sociales de quienes rechazan la vacunación para encontrar cuáles son sus verdaderas preocupaciones. 

¿A qué le temen los anti-vacunas?

¿A qué le temen los anti-vacunas?

La historia empieza razonablemente bien, sigue mal, después empeora y al final  se pone interesante. Así que tengan paciencia y confíen en que, a veces, donde un científico ve un problema, ve también una oportunidad. 
    Sintéticamente, podría contarse así: un grupo de investigadores de la Universidad de Pittsburgh hizo un video para concientizar sobre la importancia de la vacuna contra el Virus del Papiloma Humano (HPV), responsable, por ejemplo, de casi la totalidad de los casos de cáncer de cuello cervical (bien).

Primero, el video pasó completamente desapercibido (mal). Luego empezó a viralizarse y a recibir cientos de comentarios que no fueron los que los investigadores esperaban: la gran mayoría eran contrarios a la vacunación como método de control de la salud pública (peor). 
    Frente al escenario adverso, los investigadores se propusieron, en lugar de simplemente indignarse, entender. ¿Qué les pasa a los antivacunas? ¿Por qué piensan como piensan, a pesar de todas las evidencias que los contradicen? ¿Cuáles son sus preocupaciones y sus miedos? Y acá viene la parte interesante. 
    En un estudio publicado recientemente en la revista Vaccine, analizan los perfiles de 197 comentaristas de su video de Facebook (que tuvo más de 10 mil comentarios) y los organizan en cuatro sub-grupos  de acuerdo a los argumentos que utilizan. Estos grupos por supuesto que no son puros, sino que se mezclan entre sí. 
    El primero está conformado por quienes manifiestan una desconfianza generalizada en la comunidad científica, o sea, quienes mantienen la creencia de que, de alguna manera, los científicos forman parte de un complot que pretende conseguir la inmunización forzada de toda la humanidad. 
    El segundo implica a quienes defienden a los así llamados "remedios alternativos", cuya eficacia ha sido descartada por la evidencia más seria acumulada en los últimos 30 años por lo menos (como, por ejemplo, la homeopatía).
    En tercer lugar, están quienes sobredimensionan los efectos adversos. Es cierto que toda vacuna tiene posibles consecuencias no deseadas (como, por ejemplo, tener un poco de fiebre), pero los riesgos que implica son mínimos en relación con los beneficios que acarrea. 
    Y, por último, aparecen quienes defienden teorías conspiranoicas, que parten de la base de que hay algún tipo de engaño premeditado por parte de instituciones que le ocultan información a la población. 
    El objetivo del trabajo, según sus autores, no es burlarse de quienes sostienen este tipo de posturas sino comprender mejor el fenómeno de los anti-vacunas para poder enfrentar con mejores herramientas una problemática que amenaza con convertirse en un problema global de salud pública.
 

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