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Protón CIENCIA

Pequeña guía para detectar mentirosos

Determinados gestos y actitudes corporales funcionan como indicios de que una persona está intentando engañar a su interlocutor.  

Pequeña guía para detectar mentirosos

Pequeña guía para detectar mentirosos

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Por: Juan Eduardo Bonnin*

¿Qué es la verdad?

No tengo la menor idea.

¿Qué es mentir?

Eso es más fácil de responder.

Para los estudios del lenguaje, la mentira es parte de nuestra conducta cotidiana: consiste en transmitir mensajes con la intención de generar falsas creencias o conclusiones. Se trata de una definición muy amplia, que incluye las mentiras, las mentiritas, los equívocos, las distracciones, las omisiones, los ocultamientos, la ambigüedad estratégica, los argumentos ad personam, las falacias, cierto tipo de analogías y metáforas…

En ninguno de estos casos nos referimos a la verdad de lo que se dice, sino a la actitud de quien lo dice. Cuando le digo a mi esposa que es la mujer más hermosa del mundo no propongo que exista una escala objetiva y universal de la belleza y que ella haya obtenido el puntaje más alto en esa escala (aunque podría obtenerlo fácilmente). No estoy, sin embargo, mintiendo, porque no tengo la intención de generar una creencia falsa en ella. Del mismo modo, puedo afirmar algo que es erróneo sin tener la intención de engañar: saludo a alguien por su cumpleaños sin saber que la fecha pasó hace una semana. Mi conocimiento es falso, pero mi intención no es la de mentir.

Esto significa, entonces, que la mentira no es una característica de las cosas, sino de la actitud con que las personas hablamos de esas cosas. En consecuencia, analizando cómo una persona se comunica podemos evaluar (con cierto grado de certeza) si está mintiendo, aunque no podamos saber si lo que dice es falso.

¿Cómo detectar mentiras? 

Varios métodos diferentes se utilizan con el objetivo de detectar fisiológicamente la mentira a través del polígrafo (o detector de mentiras). Sin embargo, su eficacia es cuestionada por diversos estudios científicos, dado que los supuestos indicadores fisiológicos de la mentira (aumento en la presión sanguínea, sudoración, respuesta galvánica de la piel, etc.) pueden significar también otras cosas, como nerviosismo, interés sexual, ira, etc.

El análisis lingüístico y gestual de la mentira, entonces, no puede ser 100% efectivo. Las investigaciones recientes muestran que no hay gestos ni conductas que sistemáticamente indiquen que una persona está mintiendo o diciendo la verdad. A su vez, una misma persona puede mentir o decir la verdad usando distintos gestos en distintas situaciones o hablando de temas diversos: así, mentimos diferente si pensamos que nos pueden descubrir, o estamos más confiados, o estamos frente a desconocidos.

Algunos estudios, sin embargo, identificaron gestos que se apartan de la conducta habitual y, en consecuencia, pueden ser una buena pista de que alguien está mintiendo o, al menos, no está tranquilo con lo que dice:

  •  Al mentir usamos menos gestos icónicos, es decir, gestos que se asemejan a aquello de lo que estamos hablando: poner las manos en triángulo para indicar una casa, abrir los brazos para indicar que algo es de gran tamaño, etc.
  • Al mentir usamos gestos más breves y rápidos que al hablar en un contexto relajado. También combinamos menos gestos, usando pautas más simples.
  •  Al mentir en un contexto relajado usamos menos gestos deícticos (señalarse el cuerpo, tocarse la cara, morderse el labio) y más gestos abstractos (unir los dedos, abrir la mano palma arriba). Sin embargo, al aumentar la presión (por ejemplo, si alguien nos acusa de estar mintiendo) aumentan los gestos deícticos, los rítmicos (que acompañan nuestra manera de hablar, como golpear una mano al hacer énfasis) y los emblemáticos (que son gestos fijos y estables en una cultura, como hacer tijera con los dedos, el gestito de idea, levantar el pulgar, etc.).

También existen pautas verbales, en la manera de hablar, que son más frecuentes cuando una persona está mintiendo:

  •  Una mayor cantidad de pausas entre palabras, errores o falsos comienzos (cuando comenzamos una palabra pero la cambiamos por otra). Estos últimos, al mentir, están semánticamente vinculados, es decir, se refieren a un mismo tema o una misma idea.
  •  Cuando las mentiras son más simples, hay menos errores y dudas durante el habla; cuando son más complejas, o aumenta la presión en la situación, hay más.
  •  Finalmente, se ha mostrado que al mentir aumenta la asincronía entre gestos y habla, es decir, lo que decimos y lo que hacemos van en direcciones contrarias: digo que alguien es alto y mi mano indica baja altura; digo que tenemos que ir hacia adelante, y miro hacia abajo; digo que estoy confiado, y cruzo las manos en un gesto de protección; digo que estoy preocupado, y me río involuntariamente.

Entonces: ¿podemos decir si una persona miente, basándonos en sus gestos?

La verdad es que no: podemos indicar que se aleja de su manera de gestualizar habitual, podemos decir que evidencia estrés o tensión, pero no que necesariamente se deba a que está mintiendo.

*Investigador del CONICET, profesor en UNSAM. 

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