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Protón Neurociencia

¿Por qué no vivimos con temor constante de morir?

Un nuevo estudio revela los mecanismos de nuestro cerebro para protegernos de la conciencia de nuestra propia muerte y no vivir en constante preocupación.

¿Por qué no vivimos con temor constante de morir?

¿Por qué no vivimos con temor constante de morir?

Por: Florencia Luna

Si hay algo de lo que los seres humanos tenemos certeza es de que vamos a morir. Y a pesar de ser conscientes de nuestra temporalidad, la mayoría de nosotros todavía vamos a trabajar, salimos con amigos y simplemente seguimos con nuestras vidas. Ahora... ¿Por qué no vivimos en constante crisis existencial? Un estudio reciente explica que la mente humana tiene una tendencia automática a evitar darse cuenta de su mortalidad.

"Nadie existe a propósito, nadie pertenece a ningún lugar, todos vamos a morir. Ven a mirar la tele". Así expresaba el protagonista en el octavo episodio de la primera temporada de Rick & Morty —sitcom animada de ciencia ficción— luego de mostrarle a su hermana la tumba donde había enterrado a una versión de si mismo de una realidad alternativa.

Pero si todos sabemos que no vamos a estar vivos para siempre, ¿cómo hace nuestro cerebro para manejar esta preocupación?

El cerebro no acepta que la muerte esté relacionada con nosotros

Yair Dor-Ziderman, investigador del Gonda Brain Research Center en Israel, quiso junto a su equipo conocer a nivel neuronal el mecanismo que subyace a la negación de la muerte y que nos protege de la amenaza existencial. Fue entonces cuando desarrollaron una prueba que producía señales cerebrales vinculadas a la sorpresa.

En esta prueba los participantes miraban una pantalla mientras los investigadores controlaban su actividad cerebral. Luego se les mostraban imágenes de un rostro (a veces el del propio voluntario) varias veces antes de cambiar al de otra persona.

Cuando una nueva cara apareció en pantalla, el cerebro produjo señales de sorpresa porque no era la imagen que el participante predijo mentalmente que vería a continuación.

Los investigadores además agregaban en pantalla palabras relacionadas con la muerte, negativas o neutrales. Cuando una persona vio su propia cara en pantalla con alguna palabra relacionada con la muerte ("tumba", "entierro", "funeral"), el sistema de predicción de su cerebro se apagó y no registró señales de sorpresa.

Dor-Ziderman explica que nuestro cerebro no acepta que la muerte esté relacionada con nosotros: tenemos un mecanismo en el que, al obtener información vinculada a la muerte, algo nos dice que no es confiable y por lo tanto no debemos creerlo.

"Esto sugiere que nos protegemos de las amenazas existenciales, o que pensamos conscientemente en la idea de que vamos a morir, cerrando las predicciones sobre el yo o categorizando la información como si fuera sobre otras personas en lugar de nosotros mismos", sostiene Avi Goldstein, coautor y profesor del Departamento de Psicología de la Universidad de Bar-Ilan (Israel).

Este mecanismo no nos impide, sin embargo, reflexionar acerca de la finitud de nuestra existencia; pero nos permite sentirnos como una entidad duradera.


 

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