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Sobre negar la ciencia: ¿qué nos enseñó Galileo Galilei?

Aunque hoy en día muchos dependemos de la ciencia para saber qué hacer y cómo mantenernos a salvo durante una pandemia mundial, negarla no es nada nuevo. Y si algo bien sabemos es que nunca termina bien.

Sobre negar la ciencia: ¿qué nos enseñó Galileo Galilei?

Sobre negar la ciencia: ¿qué nos enseñó Galileo Galilei?

Por: Florencia Luna

En este momento, muchos de nosotros dependemos de la ciencia, recurriendo a infectólogos, médicos y virólogos para obtener respuestas sobre qué hacer y cómo mantenernos a salvo durante una pandemia mundial. Pero, ¿qué pasa cuando nuestros mandatarios, y un sector no menor de la sociedad, niegan esa ciencia?

Vimos, desde el comienzo de esta crisis, cómo diversos grupos conservadores en Estados Unidos, avalados por su propio presidente, se manifestaron en contra de la cuarentena obligatoria impuesta por los gobernadores de los distintos estados; o, sin ir tan lejos, al jefe de Estado brasileño, Jair Bolsonaro, referirse a la enfermedad de COVID-19 como "apenas una pequeña gripe o resfriado", a la vez que acusaba —una vez más— a los medios de sembrar la histeria y el pánico en torno al coronavirus.

Bueno, la historia de Galileo Galilei, considerado el padre de la ciencia moderna, tiene algo para enseñarnos al respecto. Sus contribuciones fueron de gran relevancia no solo para los campos de la física y la astronomía sino también para la cosmología, las matemáticas y la filosofía; sin embargo, sus conocimientos no siempre fueron tan bien recibidos como ahora.

Galileo fue el primero en estudiar el cielo con un telescopio. Su invento le permitió al físico italiano observar y describir las lunas de Júpiter, los anillos de Saturno, las fases de Venus, las manchas solares y la irregular superficie de la Luna. Pero este talento no pasó inadvertido: poderosos amigos entre la élite gobernante de Italia apoyaban sus descubrimientos mientras que nuevos enemigos entre los líderes de la Iglesia Católica buscaban silenciarlo.

Sus observaciones contradecían la visión aristotélica del universo, luego ampliamente aceptada por científicos y teólogos. La superficie rugosa de la luna iba en contra de la idea de la perfección celestial, y las órbitas de las lunas de Júpiter violaban la noción geocéntrica de que los todo giraba alrededor de la Tierra. Esta defensa de Galileo de un universo heliocéntrico —en contraposición al sistema geocéntrico—, lo llevó ante las autoridades religiosas en dos ocasiones.

Primero en 1616, cuando luego de que la Iglesia Católica colocara "De Revolutionibus" de Nicolás Copérnico (el primer argumento científico moderno para un universo centrado en el sol) en su índice de libros prohibidos; el papa Pablo V convocó a Galileo para decirle que ya no podía apoyar a Copérnico públicamente. Y nuevamente en 1633, cuando bajo amenaza de tortura fue forzado a retractarse y puesto bajo arresto domiciliario hasta su muerte en 1642.

Aunque su militancia científica le valió la persecución y la condena de la Iglesia Católica, nadie pudo quitarle la hazaña de haber abierto los ojos de la humanidad a un nuevo universo.

Parte de la carta que Galileo Galilei habría escrito exponiendo sus argumentos contra la doctrina de la Iglesia de que el Sol orbita alrededor de la Tierra.

Quizás uno de sus legados más importantes fue introducirnos en lo que hoy conocemos como "el método científico", estableciendo un antes y un después. El padre de la ciencia moderno nos enseñó que para establecer nuevos conocimientos hay que emplear la observación, experimentación y establecimiento de hipótesis, rompiendo así con la idea de que todo el conocimiento se obtenía por medio de la reflexión.

Las vacunas son seguras y efectivas, los humanos somos los responsables del calentamiento global y la teoría de la evolución explica la diversidad y el cambio de la vida. Estos conocimientos no son infundados, fueron logrados mediante la aplicación del método científico, no por uno sino por cientos de investigadores a lo largo de los años y de manera independiente. Lo que llevó a que hubiera consenso científico respecto a la veracidad de estas afirmaciones.

Y aunque no es más que una herramienta, es la mejor herramienta que tenemos, es más que un simple conjunto de conocimientos: es una manera de pensar; que no es perfecta, no es infalible y no es estática, pero que se corrige a sí misma y está siempre evolucionando.

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