Micky Rodríguez: Los Piojos y la vuelta que no fue, el recuerdo de Dani Buira y los 30 años de Tercer Arco
El histórico bajista vuelve sobre el disco que consolidó a Los Piojos, reconstruye los años en los que la banda encontró su identidad y habla de la ausencia de Dani Buira. Además, cuenta por qué decidió quedarse afuera del esperado regreso, aunque dejó la puerta entreabierta a futuro.
Micky Rodríguez sobre Los Piojos: "No descarto volver en algún momento" | Foto: Matías Calderón.
Treinta años después de la salida de Tercer Arco, Micky Rodríguez vuelve a Buenos Aires con uno de los discos fundamentales de Los Piojos que los llevó a del barrio a los estadios, como cuenta Juan Cruz Revello en su libro. El bajista recupera aquellas canciones y las llevará a Groove el próximo viernes 11 de septiembre junto a La Chillinga, grupo de percusión de Daniel Buira, quien falleció el pasado 21 de marzo.
La historia de aquellos jóvenes del conurbano que pintaron los 90's para toda la generación siguiente es la de Miguel Ángel Rodríguez, como bajista y miembro fundador. La vuelta de Los Piojos en diciembre de 2024 resultó algo opacada sobre el final cuando se conoció que el bajista no sería parte de este reencuentro, pese a que previamente con Ritual 87 estuvo tocando junto a Dani Buira (baterista) y Chucky De Ipola (tecladista) canciones de Los Piojos.
"Yo pensé que alguna vez podíamos volver a estar juntos y en armonía", dice Micky, aunque no cree que ese haya sido el momento y eligió dar un paso al costado. Sin embargo, no se aventura a cerrar definitivamente la puerta: "No descarto volver en algún momento, porque yo soy así. No tengo rencores ni odios para nada", aseguró.
Micky Rodriguez junto a La Que Faltaba | Foto: Matías Calderón.
A 30 años de Tercer Arco, Micky Rodríguez repasa junto a Filo.news la construcción de aquel disco, la particular mezcla musical de Los Piojos, los tintes políticos que atravesaron su obra, su vínculo con Dani Buira, los comienzos casi como un juego en El Palomar y la vuelta de la banda de la que finalmente decidió no participar.
— Son 30 años de Tercer Arco, un disco que parece imposible separar de la Argentina de los 90's y muy político. Arranca con Esquina Libertad y más adelante está Shup Shup, que un poco describe a Menem.
— Era un poco la característica de nosotros. Si bien no éramos estrictamente una banda política, por lo menos en el reflejo de las letras de Andrés (Ciro) había muchas cosas con las que todos estábamos como de acuerdo. Y yo me tomo la licencia de creer que también todos apoyábamos esa pluma, digamos.
— También es un disco en el que hay un trabajo muy importante de Dani Buira.
— Sí. En realidad es parte como del crecimiento y del perfil que empezamos a delinear. La figura de Dani empezó a tomar mucho más protagonismo. Yo aprendí a tocar el bajo con él y, a partir de eso, empezamos a recorrer para atrás un poco las influencias: el Negro Rada, toda la música uruguaya.
Siempre digo lo mismo: si bien nosotros, o por lo menos yo, no era un purista en el estilo, tomaba las cosas que me hacían mover de los estilos, tanto del candombe o de la murga, como de la música brasileña o también del folclore argentino. Nunca vi una pureza del estilo. Por lo menos en mí, trataba de llevarlo a cabo a partir de la ejecución o de la forma en que yo tocaba el bajo. Y ahí con Dani creo que fue, para mí, una linda dupla. De hecho, por un momento parecíamos uno.
— Los Piojos tenían una fusión muy particular. Aparecía el candombe, el tango, el folclore... fueron una de las primeras bandas de rock barrial que después se amplificó. ¿De dónde venía esa búsqueda?
— Había una naturaleza en cada uno de nosotros que especulo que tiene que ver con la raíz familiar. En mi casa se escuchaba tango como se escuchaba folclore. Entonces esas cuestiones fueron como tomándose, repito, de alguna manera como sentimientos, sin caer en el estricto estilo.
El tango nos atravesaba a todos de alguna manera porque, siendo una música argentina y popular, lo habíamos escuchado mucho. En el primer álbum grabamos Yira Yira. Agarramos de todos lados, porque también había cosas de funk o de reggae o de rock. Entonces era como una mixtura.
— En “Don’t Say Tomorrow” esa forma de trabajar aparece incluso desde la composición entre inglés y castellano. ¿Cómo construían las canciones?
— Muchas canciones tenían un desarrollo y ahí vuelvo de vuelta a Dani. Empezaban siendo a partir de ritmos que planteábamos nosotros y después nos desarrollábamos todos juntos. Andrés metía una melodía, Tavo, Piti, un cambio de acordes sobre la rítmica. Entonces era como una fórmula de composición que usábamos mucho.
De hecho, recién le contaba a un colega que el laburo que tenía que hacer Alfredo Toth era terrible, porque capaz que había un tema que duraba 25 minutos. Y nosotros, recopados tocando, pero había que acotarlo.
— ¿Y Alfredo Toth les decía hasta acá?
— Venía con su maqueta ya producida en su casa y editada, y decía: “Che, este es el tiempo, acá tenemos que ver”. Y la verdad es que acatábamos porque confiábamos mucho en él, por el oficio y porque era verdad que un tema no podía durar 20 minutos. Parecíamos Led Zeppelin.
— ¿En qué canciones se sentía especialmente su mano?
— En todas, en todas, en todas. Había laburado con Charly García, tenía un oficio de Los Gatos, o sea que confiábamos plenamente en él. Y después también había una cosa que me parece que va un poco más atrás de lo musical, que es la idea de poder llevar el barco en una grabación, que a veces genera ciertas cosas. Él comandaba de una manera armoniosa y alegre. Eso también es una virtud que, para mí, termina siendo música.
— En Tercer Arco también aparece mucho la figura del Che Guevara. ¿Qué relación tenían ustedes en ese momento con él?
—Yo me sumo a la interpretación de las letras de Andrés y ahí me saco el sombrero. Es una letra de él y tiene que ver con la historia, con lo que todos conocemos, con esa idea de lo que generó el Che en el mundo. No solamente acá. Siendo argentino era un condimento importante, pero tal vez tenga que ver con esa idea de la libertad, de ser libres.
A veces estaba mal interpretada la figura del Che. Es un juego medio perverso que es difícil interpretarlo desde un lugar estrictamente exacto, porque después ves un montón de pibes con la remera que no sabían ni quién era el Che o qué había hecho. Me parece que uno tiene que quedarse con lo que en realidad fue, como la idea de la libertad, de ser libre.
Dani Buira, los comienzos y Ritual 87
— Muchos años después volvieron a tocar juntos con Ritual 87. ¿Cómo se produjo ese reencuentro con Dani?
— Dani estaba ligado a la Municipalidad de Tres de Febrero, en la parte de Cultura. Entonces me propone hacer un show de carnaval en un playón muy grande de la estación Caseros. A partir de ese show empezamos a tener un poco más de relación continua. Si bien nos hablábamos y estábamos juntos, no era tan fluido todo.
Y ahí empezamos a pensar en esta idea. Él hacía mucho tiempo que no tocaba la batería, hacía años, creo que desde que se fue de Los Piojos. Empezamos a juntarnos y a perfilar Ritual 87, que terminó siendo una experiencia hermosa y emotiva, porque también era parte de lo que todavía sigue funcionando con la energía que las canciones tienen hoy en día.
— El Palomar aparece una y otra vez en la historia de Los Piojos, fue un poco el Kilómetro 0 de Ritual 87, la Plaza del Avión. ¿Qué significó ese lugar para ustedes?
— Nuestra historia empezó ahí, tal vez la periferia también. En Palomar vivía Dani, vivía Andrés. Piti vivía en Caseros y yo vivía en Villa Bosch. Mucho tiempo ensayamos en la casa de mis padres, que era en Villa Bosch; mucho tiempo ensayamos en la casa de Piti y en la casa de Dani también, que era en Ciudad Jardín. Toda esa zona fue parte de la historia.
La primera vez que tocamos como Los Piojos fue en un lugar que se llamaba La Molienda, en Ciudad Jardín. Tocamos cuatro temas. Yo creo que todavía no sabía tocar. Era una banda que se estaba formando.
— ¿Era todo bastante más lúdico en ese momento?
— Sí. Yo aprendí a tocar con Dani, los dos aprendimos a tocar juntos. Si bien ya ejecutábamos, no éramos músicos... A Piti le regalan la guitarra y no sabíamos dónde enchufarla. Era una especie de juego. Nosotros seguíamos a Los Perros Calientes, que era la banda que acompañaba a Fabiana Cantilo. De ahí nacen Los Piojos. De hecho, el nombre sale de ahí.
Era una cuestión de estar, de jugar. En el primer show tocamos cuatro temas, uno solo nuestro, y no mucho más. Se acababa el repertorio ahí con cuatro temas. Ese era el show.
“Yo quería estar”: por qué Micky no volvió a Los Piojos
— Cuando Los Piojos anunciaron su regreso llamó la atención que vos no estuvieras. ¿Por qué elegiste no ser parte?
— Yo quería estar. Desde el inicio, cuando habían salido por lo menos los flyers y todo, se suponía que iban a estar todos. Pero no me gustaron algunas cosas, manejos de eso.
Yo soy el que inició esta historia con Piti. Cuando empezamos estábamos solo nosotros dos, empezamos nosotros dos. O sea que, de alguna manera, alguna especie de derecho y de lugar para tener alguna voz estaba para mí establecido. No fue así.
— ¿Sentiste que no te dieron ese lugar?
— Sentí que no me habían dado el lugar que correspondía y tranquilamente di un paso al costado. No me interpuse. Fue eso nada más, una decisión que tomé y que sin duda fue fuerte, porque entiendo que no se toma una así todos los días. Pero para mí fue saludable.
— ¿Viste alguno de los shows de esta nueva etapa?
— No. La verdad es que no me parecía, porque medio termina siendo morbo. Realmente, y repito, yo quería estar ahí. Desde hace tiempo quería estar. Yo había pensado que alguna vez podíamos volver a estar juntos y en armonía, que eso era un poco lo que yo quería. Pero bueno, yo no puedo obligar a nadie.
— ¿Creés que esa armonía puede aparecer en algún momento? ¿Que todavía puede haber una vuelta?
— Puede pasar. La verdad es que si yo pudiera adivinar el futuro estaría laburando de eso. Pero no descarto, porque yo soy así, porque yo no tengo rencores ni odios para nada. Pero bueno, hoy no.
Volver a Tercer Arco con La Chillinga
— Hoy estás concentrado en los 30 años de Tercer Arco. ¿Qué significa volver a ese disco?
— Estoy con esto, haciendo un homenaje a Tercer Arco, un disco que nos dio un montón de satisfacciones y que generó una firmeza en nuestra carrera que terminó siendo lo que fuimos.
— Ahora vas a tocar con La Chilinga, la banda de Dani. ¿Qué te pasa con ese encuentro?
— Voy a tocar con Caetano, el hijo de Dani, y la mujer, así que para mí es un montón. Después están todas las cantidades de vivencias que tuve con Dani, que son incontables y emocionantes.
— ¿Alguna contable?
— No,viví muchísimas situaciones con él que tienen toda relación con la música, con las giras, con esas cosas.
— ¿Vas a seguir grabando versiones de canciones de Los Piojos?
— Posiblemente, sí. Me gusta porque no es una cuestión de competencia. Yo respeto mucho la versión original. Para mí cualquier cosa que haga está siempre abajo del techo de esa.
Pero me divierte y me gusta mucho esto de aprender a cantar las canciones que cantaba Andrés, que son tan lindas y que componía con tan linda pluma. Para mí es un privilegio poder interpretarlas con mi esencia.
— Dentro de las versiones que sacaste estuvo "Como Alí" con la Mona Jiménez. ¿Cómo se dio eso?
— Ese fue un privilegio que me dio la música, como yo siempre digo. No solamente hacer música, sino conocer un montón de personajes. A la Mona yo no la conocía y, para ser sincero, tampoco seguía la obra. No tengo una formación cuartetera, digamos.
Estando en Córdoba empecé a escuchar de rebote, pero tampoco me enganché demasiado. Cuando lo conocí a él empecé a entender el fenómeno. Lleva una cantidad de gente que es increíble.
Cuando pintó la oportunidad de hacer un tema con él y de conocerlo en la intimidad dije: “Wow”. Me encantó por la humildad, por cómo me trató. En un momento me invitó a cantar en un festival que organizaba el Carli, el hijo, en el Kempes. Así que tuve la posibilidad de cantar “Maradó” con él en el Kempes.
— Si tuvieras que elegir una canción del disco, ¿con cuál te quedás?
— Ahora, revisando todo el disco, todas me dan placer. Para mí es difícil elegir una canción, y hablo en general de la discografía. Es difícil. “Al atardecer”, ahora que la empecé a hacer y que la empecé a cantar, me gusta.