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Cine y Series Band of brothers

Análisis | 1917, la gran candidata para los Oscar de este año

San Mendes nos mete de lleno en el horror de la Primera Guerra Mundial con una historia contada a través de u "solo plano". 

Somos héroes anónimos(UIP)

Somos héroes anónimos | UIP

Por: Jessica Blady

En 1999, Sam Mendes saltó de exitosas puestas teatrales en el West End londinense y en Broadway a su debut cinematográfico con “Belleza Americana” (American Beauty). La apuesta de DreamWorks por este nuevo talento le reportó cinco premios Oscar, incluyendo el de Mejor Película y Mejor Director para el ignoto Mendes. La carrera del realizador británico tiene sus altos y bajos, sus películas independientes y sus mega sucesos taquilleros como las últimas entregas de James Bond, pero con “1917” (2019) está un paso más cerca de conseguirle un compañero a su hombrecito dorado.

El drama bélico coescrito junto a la debutante Krysty Wilson-Cairns -quien también comparte crédito en la futura “Last Night in Soho” (2020) de Edgar Wright- nos lleva a las trincheras de Francia en plena Primera Guerra Mundial, más precisamente al 6 de abril de 1917, donde todavía estamos a un largo trayecto de ponerle fin al primer gran conflicto armado del siglo XX. Las fuerzas aliadas se preparan para incursionar en territorio enemigo, pero el general Erinmore (Colin Firth) tiene una misión más importante para dos de sus jóvenes cabos: Blake (Dean-Charles Chapman) y Schofield (George MacKay) deben correr contra el reloj y atravesar la llamada “Tierra de Nadie” (No man's land) para alcanzar al regimiento del coronel MacKenzie (Benedict Cumberbatch), dispuesto a desplegar a unos mil seiscientos soldados que marcharán derechito hacia una emboscada mortal.

La misión de Blake y Schofield es sobrevivir a la odisea, atravesar el terreno abandonado por los alemanes, entregar el mensaje salvador y prevenir la avanzada de sus compañeros. Una tarea simple, pero muy peligrosa para estos dos soldados que sólo piensan en volver a casa con sus seres queridos. Mendes y Wilson-Cairns no escatiman tinta a la hora de utilizar todos los tropos (elementos comunes) de este subgénero cinematográfico. En definitiva, “1917” no deja de ser una epopeya donde los ‘héroes’ deben ir del punto A al punto B y sortear todos los obstáculos que se presentan en su camino, nada muy diferente a “Apocalipsis Now” (Apocalypse Now, 1979) o “Rescatando al Soldado Ryan” (Saving Private Ryan, 19989), en cuanto a estructura narrativa se refiere.

Pero el gran atractivo de la película -y habría que replantearse cuán atractiva sigue siendo sin este recurso- es que el director decide contar su historia “sin cortes”, o sea, en un larguísimo (falso) plano secuencia que nunca se detiene y ayuda a marcar la tensión, el pulso y la inmediatez del momento, casi en tiempo real. La hazaña (técnica y artística) también se la tenemos que agradecer al gran Roger Deakins, director de fotografía que con este trabajo, seguramente, volverá a coronarse en los premios de la Academia.    

Dos contra el peligro 

Así, estamos más que obligados a acompañar la cruenta travesía de los dos protagonistas, que atraviesan trincheras repletas de cadáveres putrefactos, aldeas destruidas y abandonadas, y el constante peligro del enemigo al acecho. Su misión es simplemente (y no tan simple, ni sencilla) sobrevivir para entregar una carta... de la que depende la subsistencia de todo un regimiento, incluyendo al hermano mayor de Blake. Hombres que deberán estar más que preparados para la siguiente batalla, porque todavía estamos a más de un año del fin de la guerra.

Mendes, como todos los directores que abordaron este tema en las últimas décadas (sea la contienda que sea), hace hincapié en la camaradería entre soldados -esa unión y desolación que sólo entienden los ex combatientes- y el despropósito de tanta muerte y destrucción, dejando bien en claro que su mensaje es antibélico. Nada que no se haya visto en cualquier exponente del género, de ahí que “1917” brille mucho más por su virtuosismo visual y narrativo que por su  escasa profundidad argumental.

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El peso de la historia termina recayendo en Chapman y MacKay. Los nombres más “reconocidos” (Mark Strong, Andrew Scott, Richard Madden, Firth, Cumberbatch) no son más que personajes que se atraviesan en el camino de estos protagonistas, jugando el papel de simples ‘ayudantes’ que permiten que el relato siga avanzando. No queda claro por qué el director los envuelve con cierta aura de misterio y sorpresa como si el espectador no estuviera al tanto de su participación en la película. Estas extrañas decisiones intentan compensar un argumento que tiene pocos matices y no es más que una excusa para que “1917” se luzca desde sus aspectos más “técnicos”.

Mendes utiliza el mismo recurso de “Birdman o (La Inesperada Virtud de la Ignorancia)” (Birdman or (The Unexpected Virtue of Ignorance), 2014) para dotar a su film de cierto aire documental, pero no siempre logra mantener la tensión y la sensación de peligra que la historia necesita, al menos, para que los espectadores pueden conectar con los protagonistas y preocuparse por su suerte y la de la misión. El guión no nos deja muchas opciones, pero sí una clase magistral de cine puro cuando nos concentramos en cómo la película trasmite sus ideas de heroísmo exacerbado a través de imágenes y sonidos contundentes, perfectamente delineados.  

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